En el México de hoy, es tiempo de definiciones, de defender la soberanía nacional, la independencia económica y la transformación.
Se cumplieron dos años del momento histórico que marcó un antes y un después en nuestra nación: el triunfo de la primera mujer presidenta en más de 200 años de vida independiente, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, quien obtuvo la victoria con casi 36 millones de votos, es decir, el 60 % del total de sufragios, la votación más alta de toda la historia. Hay que destacar que el respaldo que le dimos las mujeres fue del 59% de los votos de las que sufragamos. Hoy, nuestra presidenta tiene un sólido 70 % de aceptación entre las y los mexicanos, reflejo de la confianza y del anhelo compartido de seguir construyendo un México más justo e incluyente.
Con este panorama, el 31 de mayo en la Plaza de la República, la comandanta suprema de nuestras fuerzas armadas, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, rindió cuentas ante el pueblo de México, que se dio cita tanto en la Ciudad de México, como en 30 plazas públicas del interior de nuestra nación.
Por otro lado, el sábado 30 de mayo, en un centro de exposiciones y convenciones en Chihuahua, panistas se dieron cita para respaldar el operativo realizado en la Sierra Tarahumara con la participación de agencias de inteligencia estadounidenses, cuya permisión vulneró flagrantemente la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional.
La presidenta Sheinbaum realizó desde una de las principales plazas públicas del país, un acto que reconecta el poder con su fuente primaria: el pueblo. Se trató de un acto republicano, no rindió cuentas únicamente a los representantes formales, sino directamente a la población que le otorgó un mandato histórico hace dos años. Fue un recordatorio gráfico de que el soberano es el pueblo. Ahí, vimos la imagen de un país unificado en torno a un liderazgo legítimo, donde la defensa de la soberanía no es una postura individual, sino una demanda nacional.
Como jefa de estado, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, trazó claramente un límite innegociable para cualquier potencia extranjera: la cooperación bilateral estará sujeta al respeto irrestricto y a la no injerencia en nuestro proceso político. El mensaje fue contundente: la patria no se vende, se ama y se defiende.
Mientras en la capital del país se desarrolló este ejercicio institucional de rendición de cuentas, en Chihuahua se escenificó una reunión que intentó justificar la injerencia extranjera. La concentración panista, lejos de mostrar a una oposición madura y democrática, recurrió a personajes de antaño ante su falta de relevos generacionales.
El lunes, la mayoría de los integrantes de la Mesa Directiva de la Comisión Permanente, respaldamos lo dicho por nuestra presidenta en la Plaza de la República en defensa de la soberanía y del interés nacional.
No sorprendió el respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que expresó el expresidente Andrés Manuel López Obrador, mediante una carta publicada el 3 de junio, en la que reconoce el actuar eficaz, responsable, prudente y respetuoso de nuestra presidenta. El apoyo manifiesto contiene el sentir de las y los mexicanos que amamos la patria. Quienes amamos a nuestra patria defenderemos siempre la soberanía nacional mediante el diálogo, el respeto y la coordinación sin subordinación, estas son, sin duda, las definiciones que marcan el rumbo de la transformación.
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