Juan Carlos apenas tiene 21 años y es soldado del Ejército mexicano. El jueves pasado, alrededor de la hora de la comida, él y otros militares realizaban un recorrido estratégico en la comunidad de La Limita de Itaje, que se ubica en la parte oriente de Culiacán. Andaban a la espera de una orden judicial para asegurar un inmueble propiedad de uno de los dos grupos que se disputan sin tregua la plaza desde septiembre pasado: La Mayiza y La Chapiza, como dicen allá en alusión a los hijos del Chapo Guzmán y a los seguidores del Mayo Zambada.
En la cochera de la casa había una camioneta Hummer, clonada como si fuera de la Marina Armada de México. Un vehículo preparado por criminales para hacer trastada y media. También había equipo táctico tipo militar, explosivos y ponchallantas, de las que usan los criminales para bloquear calles, avenidas y carreteras.
A unos metros del lugar hay un Jardín de Niños y un campo deportivo. No les importó a los sicarios. Cuando los militares ya se encontraban resguardado el inmueble, fueron atacados con al menos un dron, el cual dejó caer sobre ellos explosivos artesanales. Este viernes las autoridades locales informaron que no tienen la certeza de que la agresión viniera del aire: dijeron que pudo tratarse de un ataque terrestre. Los vecinos escucharon un estruendo severo, como cuando explota un transformador, de acuerdo con testimonios recogidos por periodistas sinaloenses. Si hubiera sido un ataque frente a frente, se hubiera producido un severo intercambio de fuego que ninguna persona reportó.
Lo que sí es un hecho es que dos soldados resultaron gravemente heridos: uno de ellos, el joven Juan Carlos, perdió un pie ese día a causa de la explosión. Desgraciadamente, para salvarle la vida este viernes tuvieron que amputarle la pierna.
Caray, 21 años y sin una pierna por jugarse la vida contra esta gente que carece de misericordia, de piedad, de humanidad. Vaya, no hay regla de combate que respete el sicariato nacional. ¿O qué pensaban los sicarios que les iba a pasar a los soldados que vigilaban esa casa cuando los agredieron con explosivos y metales comprimidos que al estallar se convierten en fierros asesinos?
Según medios locales, dos helicópteros de las fuerzas federales sobrevolaron el lugar minutos después, pero no lograron ubicar el área de despegue del dron, ni a los criminales que lo operaron. No es la primera vez que ocurre algo así. En diciembre pasado una camioneta explotó luego de que fue agredida con un dron, justo en ese mismo poblado, a pocos metros del lugar donde esta semana fueron agredidos los militares, según pude rastrear en la prensa local. En ese entonces, dentro del vehículo agredido fue localizado un fusil Barret calibre .50 y en las inmediaciones fueron encontradas piezas de un dron y de artefactos explosivos. Evidencias de la guerra narca, pues.
¿Qué dijo el gobernador sobre el ataque a los militares? Con su habitual pericia de estadista dijo que sí, que cómo no, que no era la primera vez que había ataques de drones, que así se defienden los narcos, como si se tratara de cruzar la calle: “Sí, se menciona un explosivo de un dron. Los sorprendió, no es la primera vez que tiran ese tipo de artefactos (sic). Hoy lo hicieron cuando (los delincuentes) estaban (o más bien “fueron”) sorprendidos por militares y lo hicieron como una medida de defensa, seguramente”, dijo Rubén Rocha Moya con su gran habilidad para hablar. Ah, y con su gran sensibilidad humana, agregó que los militares estaban recibiendo atención médica, que se encontraban bien de salud (¡¿?!), y que esperaba que mejoraran pronto.
Si perder un pie por el explosivo de un narco dron defensivo es estar “bien de salud”, supongo que cuando le amputaron la pierna al soldado Juan Carlos el gober nada precioso ni preciso habrá dicho que más bien estaba “regular” de salud. Desde septiembre pasado y hasta el último día de marzo, cuando empezó la nueva guerra narca entra chapitos y mayitos en Sinaloa, se han perpetrado 1,047 asesinatos dolosos, según las estadísticas de la Fiscalía estatal. Un promedio de 149 por mes. Antes de que iniciara el nuevo narco conflicto, el promedio era de menos de 50, que ya de por sí era un número muy alto.
Y, además, hasta este viernes, se han registrado 700 desapariciones desde entonces, de acuerdo con datos del gobierno federal. Se trata de 642 hombres y 58 mujeres. Esas 700 desapariciones implican un promedio de 100 por mes, al menos tres por día. El promedio de los meses previos al inicio de las hostilidades había sido de 41 desaparecidos, así que el crecimiento fue del 144 %. ¿Dónde han desaparecido más gente? En Culiacán (265 personas) y en Mazatlán (229), pero también en Navolato (35), en Ahome (23), en Elota (23), Guasave (15) y Rosario (10).
Que alguien se atreva a decirle en la cara al joven soldado mutilado, a Juan Carlos y a su familia -o a cualquier sinaloense que no sea criminal-, que las cosas van bien en Sinaloa.
Venga, que se atreva alguien del gobierno estatal o federal.
Anden, quiero escucharlos y mirarles el rostro.
BAJO FONDO
En lo que va de este sexenio, hasta el jueves pasado, se han asegurado un total de 3,233 cámaras del crimen organizado instaladas en la vía pública, informó el gobierno de México. De ese tamaño es la complicidad de autoridades locales. ¿O qué, nadie en las policías municipales y estatales se daba cuenta? ¿Y en las fiscalías? ¿No sabían que así vigilaban los halcones narcos los movimientos no sólo de grupos rivales sino de las fuerzas de seguridad?
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