La Ciudad de México sigue siendo el centro de los sucesos que trastocan la vida pública del país. No hemos podido borrar la huella centralista que, históricamente, nos persigue. Aquí se establecieron los mexicas y fundaron un imperio que controló gran parte de Mesoamérica; en este sitio surgió el Virreinato de la Nueva España y se estableció, posteriormente, el poder del México independiente. En todo este proceso, el Zócalo ha sido el espacio-símbolo que se debe tomar para transgredir al poder establecido.
En 1968 se rompió la inviolabilidad del espacio-sacramental, el priismo hizo del Zócalo su plaza, donde el Presidente daba sus arengas, era vitoreado y se veía la unidad de las fuerzas revolucionarias, con el movimiento estudiantil la realidad cambió, y es hasta el 2005 cuando el espacio fue ocupado, únicamente, por Andrés Manuel López Obrador, la plaza pública es el lugar donde surge Morena y le permite llegar a la presidencia.
El reto de la oposición ha sido tratar de ocupar ese espacio, abarrotarlo y mandar el mensaje de que tienen la posibilidad de llegar al poder, con la Marea Rosa lo lograron, pero fue insuficiente para obtener una buena votación en 2024, las plazas no votan. En la actualidad, el símbolo que buscan no es tener una plaza llena, pretenden escenas de violencia, donde parezca que la policía reprime, cuando en realidad contienen la violencia de bloques pagados por la oposición, el propio Jorge Romero ha insinuado que la violencia es el camino para posicionarse, se buscan las imágenes que legitimen su discurso de que existe un gobierno autoritario y represor. Ese es el símbolo que se quiere crear, para difundirlo en las redes sociales y construir una verdad plagada de mentiras, por eso se contratan a influencers como Edson Andrade, quien se dice “apartidista” pero Acción Nacional le va a pagar por sus servicios más de dos millones de pesos, ¡solo en un año!, él se ha encargado de impulsar el movimiento de la generación Z.
La oposición no ha encontrado el discurso que le permita generar adeptos entre la sociedad. Por ello, la violencia, la utilización de bots, la ayuda de gobiernos extranjeros y generar miedo entre la sociedad es la estrategia con la que buscan permear entre la sociedad.
La presidenta cometió el error de mencionar la protesta impulsada por bots al servicio de la oposición, con ese acto le dio vida a un movimiento sin fuerza. Lo mejor que puede hacer es no entrar al falso juego, la oposición no tiene capacidad de movilización, no goza de legitimidad entre la sociedad.
La estrategia de la presidenta Claudia Sheinbaum debe seguir centrándose en los problemas del país, fortalecer su estrategia contra la inseguridad, erradicar la corrupción y combatir la pobreza, ahí es donde tiene la principal fortaleza su proyecto. La marcha de la Generación Z es algo que se va a ir apagando con el tiempo, porque no tiene fuerza y las redes sociales no bastan para llenar plazas.
Un país democrático, como el nuestro, necesita de pesos y contrapesos como los movimientos sociales y la oposición. Hay problemas que persisten porque son herencias del pasado y solamente trabajando en conjunto se podrán superar. Lo lamentable es que la oposición no aprende, usa la violencia para tratar de conquistar el poder. Deberían reconsiderar su estrategia, no es posible que el video del concierto de Juan Gabriel en Bellas Artes haya llenado más el Zócalo que ellos. En la marcha de hoy volverán a ser exhibidos, deben de replantear su estrategia y no dañar a México con una actitud mezquina o, como diría el Divo de Juárez: “Pero qué necesidad para que tanto problema…”
Hasta aquí Monstruos y Máscaras…

