1921 es una fecha fundamental para México: se crea la Secretaría de Educación Pública, un proyecto impulsado por José Vasconcelos. A través de una “cruzada nacional” se tenía como objetivo erradicar la ignorancia y promover la cultura -piénsese en los famosos “libros verdes” que permitieron que miles tuvieran acceso a los clásicos- para que llegara al lugar más recóndito de la república. Erradicar la barbarie y construir una sociedad civilizada era el fin.

La educación, entonces, era vista como un objeto civilizatorio y cultural, no como dogma político. No siempre se mantuvo el espíritu del proyecto, quizá el primer gran debate se dio en el gobierno de Lázaro Cárdenas con la llamada “educación socialista” que tuvo una reacia oposición de los grupos clericales y los sectores conservadores; lo mismo sucedió con la inclusión de la educación sexual a los libros de texto.

Como si fuera poco la educación, en nuestro país, no ha sido ajena a las presiones de los sindicatos, quienes representan los intereses de los trabajadores, pero nunca se han puesto como objetivo priorizar la mejora de la calidad educativa ni que sean los mejores docentes los que se encarguen de educar, este sin duda es el talón de Aquiles. Los sindicatos tienen asfixiado al sistema educativo y se han olvidado de que la defensa de los derechos laborales debe de garantizar que se tengan perfiles idóneos en las plazas y no a los amigos de los líderes sindicales.

En días recientes nos hemos topado con el bochornoso espectáculo que ha protagonizado Marx Arriaga quien fue removido de su cargo como Director de Materiales Educativos, él encabezó un polémico cambio en los materiales educativos y se apersonó como dueño y defensor del proyecto de libros de texto.

El conflicto al interior de la SEP ha reabierto la discusión sobre qué tipos de libros de textos tenemos y si es propicio que estos sean modificados, no en busca de imponer el pensamiento de una persona sino hacer posible que la pluralidad sea sinónimo de la construcción de lo que se ha denominado: “la Nueva Escuela Mexicana” para que contemple la integración de todos los conocimientos necesarios para hacerle frente a los desafíos del futuro.

La presidenta Claudia Sheinbaum, una mujer científica y docente, tiene un gran reto en materia educativa. Es necesario que para la SEP busque un perfil más cercano a la docencia y alejado de la vida política. Alguien que entienda que la educación no es un botín político sino el elemento más importante para lograr un futuro mejor para la nación.

Que Marx Arriaga haya sido removido es bueno, su forma de reaccionar demostró porque no era un perfil adecuado para tan importante tarea, se le tendrá que dar el beneficio de la duda a Nadia López García, esperemos que tenga un perfil capaz de entablar un diálogo que permita mejorar los libros de texto.

La presidenta ha mencionado que es necesario incorporar el nombre de mujeres, que han participado en los procesos históricos, a los libros de texto, yo añadiría que es oportuno enfatizar en nuestro pasado prehispánico, en la conquista y la colonia con todo lo que ello implica tanto en la política como en la cultura para tener un conocimiento más amplio del pasado que nos sirva para entender mejor nuestro presente.

De lo que se haga con la Secretaría de Educación será la posibilidad que se tendrá para un mejor futuro de las próximas generaciones, no dudo que la presidenta lo entiende y de manera paulatina empieza a darle su propio matiz al proyecto educativo donde es necesario fortalecer a la institución con más Vasconcelos, Torres Bodet y Jesús Reyes Heroles.

Hasta aquí Monstruos y Máscaras…

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