¡Así como suena! Vivimos en un país en donde los hombres nos suicidamos en una tasa 4 veces mayor que las mujeres y provengo de una ciudad con una de las mayores tasas de suicidio del país. Vivo en una cultura que estigmatiza la salud mental, aún más para los hombres, porque en el paradigma tradicional de masculinidad mexicana, las labores de cuidado, aún para con nosotros mismos, restan de nuestra hombría. Así que escribo esto porque como muchos de ellos, yo también a veces pienso en matarme, y me aterra el pensamiento.
No hay motivos lógicos para ello. En general, vivo una vida plena y satisfactoria, además de privilegiada. Mis empleos y mi colectivo, me permiten sentir que contribuyo al mejoramiento de nuestro país desde estos espacios, lo cual me hace muy feliz; porque, sí, la mayor parte del tiempo soy muy feliz. Tengo una familia muy cercana, amorosa, y con valores familiares muy sólidos. Nunca fui víctima de abusos, nunca me faltó amor, comida, agua o techo. Nunca me faltó educación, nunca me faltó atención, nunca me faltó nada... nada.
¿Y entonces? ¿En qué carajo pienso cuando siento que no quiero estar aquí un minuto más? No lo sé, no lo puedo explicar. No es algo racional, no es algo “pensado”, es más, algo sentido.
Esto frecuentemente provoca sentirme peor, porque me obliga a pensar ¿Por qué estoy pensando en eso? Tengo todo para ser feliz ¿Y entonces?... Pues entonces, sentirme así crea un ciclo vicioso, de culpa, de mucha culpa, porque no tengo ningún motivo “válido” para sentirme así, y me siento egoísta. Lidiar con un diagnóstico de ansiedad y depresión, es también lidiar con la culpa que representa sentirte así y ver cómo afecta a las personas a tu alrededor, especialmente cuando no tienes ninguna razón lógica para sentirte así. Nada que valide tus emociones ante el mundo.
Hace casi 10 años, en una situación de mucha desesperación, decidí buscar ayuda profesional para atender estas emociones. La atención profesional de la salud mental cambia la vida, de verdad la cambia mucho, para bien. Me sentí muy tonto por no haberlo hecho antes. Es como saber que necesitas tomar un medicamento para mantenerte vivo, y por necedad decidir ignorarlo y no tomarlo.
Todavía a ratos mi mente me asusta cuando pensamientos oscuros se asoman, no puedo evitar pensar en cuánta gente, en un momento así, decide dejar de ser. Cuántas emociones, sueños, pensamientos, sentimientos, dejan de existir en un momento de desesperanza.
Creo que nunca he sentido miedo por la muerte, siento miedo de una vida intrascendente, de no cumplir los ridículos estándares de vida que yo mismo me impongo. Encuentro propósito en dar todo de mí para hacer de este mundo un lugar mejor. Sé que me voy a morir trabajando, haciendo lo que pueda para hacer de este país algo un poquito mejor. No sé si lo voy a conseguir, pero lo voy a intentar hasta el último día de mi vida.
Hoy sé también que no me voy a matar. Me encanta vivir, y muy al estilo de Schopenhauer, amo también mis experiencias negativas, mi dolor, porque me recuerda que sigo vivo. Nadie puede vivir sin sentir y afortunadamente, puedo darme el tiempo de atender a lo que me lastima. Acá me voy a quedar con ustedes, ojalá mucho tiempo, ojalá mejorando siempre y haciendo cosas buenas... Aún con esa claridad sobre mi futuro, y aún con terapia y tratamiento, a veces pienso en matarme.
Trato al publicar esto, que sirva para ayudar a desestigmatizar estos pensamientos. Para normalizar su atención cuando surgen, porque creo que cualquiera puede tenerlos en algún momento de sus vidas, pero lo relevante es no ignorarlos, sino reconocerlos como parte de lo que somos y como una señal de algo que no estamos atendiendo.
Lamentablemente, en mi país la salud mental es un privilegio. Sé que no podemos simplemente pedirle a las personas que se atiendan, cuando el día apenas da para sobrevivir para muchísima gente; cuando obtener una cita para atender nuestra salud mental en instituciones públicas toma tanto tiempo, que posiblemente sea demasiado tarde para cuando llegue la fecha de la cita.
Es una realidad también, que los problemas estructurales que destruyen mucha de nuestra paz mental, no se atienden solamente desde el sillón de una práctica psicológica o psiquiátrica. Tus esfuerzos por atender tu salud mental no pagan tus cuentas, no te ayudan a llegar a fin de mes, no te dan vivienda digna, no ponen comida en la mesa. Y retomando el punto inicial, sobre lo que para la masculinidad mexicana representa el despojo masivo de la capacidad de los hombres de proveer para sí mismos y sus familias, es un elemento que me parece crítico en la propensión masculina a manifestar conductas de riesgo, abusar de sustancias e intentar suicidios.
El llamado a la atención de la salud mental es también un llamado a formar comunidad. A unirnos en las demandas populares de mejores condiciones laborales para todas las personas, de mejores servicios públicos de atención sanitaria, de vivienda digna y asequible, de mejores condiciones de vida en general. No podemos esperar tener una buena salud individual si no hay condiciones de salud colectiva, de salud social. Reformemos nuestras sociedades en el cuidado colectivo para poder tener condiciones para un óptimo desarrollo individual.
Espero que este texto te hable a ti, si como yo, experimentas estas emociones como parte de tu vida. Te ruego que no las ignores y que, en la medida de lo posible, atiendas en la inmediatez tu salud mental. Ignorar las emociones no hace que desaparezcan. No sé si toda la gente en algún momento haya llegado a sentir estas cosas y tener estos pensamientos, pero si te ocurre frecuentemente, habla con alguien y busca ayuda profesional, por favor.
Aquí nos queremos mentalmente sanos, nos queremos haciendo en comunidad un mundo mejor, y te necesitamos ¡Créeme, te necesitamos! ¡Quédate acá conmigo otro rato!
josue_lavandeira@alumni.harvard.eduwww.mejoreshombres.org
Si requieres atención a tu salud mental, aquí está un directorio de recursos gratuitos y a distancia para atenderte: https://www.pctierra.unam.mx/anterior/uploads/ckeditor/attachments/38/DIRECTORIOFINALPDF.pdf
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