Cuántas veces hemos oído eso de padres, leyendas, reyes, princesas, arribistas y don nadies, muchos salidos de quién sabe dónde, siguen mostrándose como “Reina por un día”.

Los acabamos de ver en la edición 25 del Vive Latino y los vemos casi a diario en los clips de YouTube, donde los años ya les pesan, recurriendo a eso de ¡estamos vivos!, esperando reconocimientos tardíos que ya nunca llegarán.

Sin las redes sociales muchos rockstars ya estarían olvidados, sin embargo, se mueven.

Patetismos vivientes como Los Amantes de Lola, los desarrapados sabatinos del tianguis de El Chopo, haraganes, victimarios del Dr. Cerebro, neones, molotovs, concordes en caída libre, memes, allisones, mil caras como Rubén Albarrán, estrambóticos, locos panteoneros, fobias, gusanas… los mismos (de rock en tu idioma) … ¡Ya por favor, paren esa pelea!

Tercera y cuarta edad se dan la mano como Caifanes y tacvbos (que ahora juran que se tomarán un año de descanso).

El TRI se repite tanto que no se le puede creer de lo que han mentido. Y para colmo cuelgan los tenis los que deberían estar vivos como el Vaquero rocanrolero, Charlie Monttana o Javier Bátiz.

Para consulta hay casi un libro de obituarios de muertos y pecadores, donde sólo faltan Moderattos y payasos similares.

De qué sirven los Vives Latinos si no de muestra de que el tiempo no perdona, eso lo saben bien Tex Tex, El Gran Silencio, Santa Sabrita, Los Botellos, La Kenny y Maldita Vecindad y los muy sobrevalorados de El Personal, la Cecilia y Real de Catorce, que viven unos en la tierra, otros en el infierno y se repiten esgrimiendo fórmulas panfletarias de Rockopachucoides (¿qué tal si no hubiera existido Tin Tan?)

Luego están los aferrados al pasado como el veterano Loco del Ritmo, Rafael Acosta, que se sube al escenario a la menor provocación, acompañando a quien se deje, en los lugares sanamente permitidos, como la reencarnación del Foro Alicia, la nueva capilla del rock.

Podcast, TikTok, la fantoche red china de idioteces certificadas para una generación que se ríe de las babosadas y entrevistas patito con nuevas generaciones de “influencers” salidos prácticamente de la nada, como los garnacheros autorizados que recomiendan las tortas de más de un kilo, los mega sopes y la fritanguería en su compleja diversidad y variedad de precios.

Los rockeros ilustrados que viven en Facebook y YouTube, ya se la deben saber, pero les encanta ser autoridades no reconocidas, más que en cotos restringidos como El Chopo, donde los sábados se suben a escena luciendo sus mejores garras, o siendo sus propios secres.

Qué pena con nuestro rock, si fueran los tiempos en que Ricardo Bravo se aventó envuelto en la bandera nacional y viera a donde hemos llegado, se volvería a tirar para viralizarse en las redes sociales, de las que es adalid.

pepenavar60@gmail.com

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