He revisado la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre la Seguridad Pública (Envipe) que realiza el Inegi y cuyos resultados fueron expuestos el 10 de septiembre. Se trata de un material elocuente de cómo la inseguridad acompaña a nuestra vida en sociedad. Con una muestra de un poco más de 102 mil viviendas arroja cifras que documentan el impacto de la criminalidad y la zozobra con la que millones viven todos los días. Hago un resumen apretado.

En 11.7 millones de hogares se calcula que existía por lo menos una víctima de delito, se trata del 28.5% de los hogares. 11.9 millones de mujeres y 11.2 millones de hombres, mayores de 18 años, habían sido víctimas de algún delito. Sin embargo, “los delitos no denunciados o denunciados que no derivaron en carpetas de investigación” ascendieron al 93.4%. El 74% de la población (siempre de mayores de 18 años) percibió inseguridad en su entidad y el costo nacional estimado a consecuencia de la inseguridad y el delito asciende a 267.3 mil millones de pesos, 1.06% del PIB.

Al comparar 2024 con 2025 las víctimas de delito disminuyeron en 10 entidades, aumentaron en 5 y en 17 no hubo cambios. Las tasas más altas (se calculan delitos por cada 100 mil habitantes) se registraron en Ciudad de México, Estado de México y Puebla y las más bajas en Chiapas, Veracruz y Zacatecas. Los delitos más frecuentes fueron fraudes (8,290 por cada 100 mil habitantes), extorsión (6,831) y robo o asalto en calle o transporte público (5,621). Se estimó que, por cada 10 delitos sexuales, 9 se cometían contra mujeres. La tasa de víctimas de secuestro, otra vez, por cada 100 mil habitantes, fue de 61 y el 59% de ellos duró menos de 24 horas.

La inmensa mayoría de los delitos no se denuncian (“la cifra oculta” lo llama la encuesta). Más del 90% de los delitos de secuestro, extorsión, fraude, robos, asaltos en calle o en el transporte público y amenazas no son reportados a la autoridad, solo en el caso de robo total de vehículo aproximadamente el 34% queda sin denunciar. Las razones más comunes para no denunciar los delitos fueron “pérdida de tiempo” 35.8% y “desconfianza en la autoridad” 13.0%.

La percepción de inseguridad en la entidad federativa oscila entre el 90% en el Estado de México o el 88.7% en Morelos hasta el 27.8% en Coahuila o el 35.5% en Yucatán. El 70.4% en el país se sintió inseguro en el cajero automático, el 62.6% en la carretera y el 62.3% en el transporte público. Incluso en su propia casa el 14.3% no se sentía seguro. Y no sigo por falta de espacio.

Luego del repaso a la importante Encuesta me acordé de mis clases sobre Thomas Hobbes que ya en el siglo XVII postulaba que el Estado se construía a través de un pacto en el cual los ciudadanos ofrendaban parte de su libertad en aras de la seguridad que les proporcionaba el Estado. Se trataba de trascender el “estado de naturaleza”, es decir, del conflicto de todos contra todos, para que una entidad superior pudiera garantizar la paz y la convivencia civilizada.

Y ya entrados en remembranzas, ¿por qué no acudir al multicitado en estos casos Max Weber y su idea del monopolio de la violencia por parte del Estado? Porque en efecto, si la violencia la ejercen otros y los ciudadanos son sus víctimas y las instituciones estatales no son capaces de garantizar la seguridad de las personas es que algo muy profundo se ha quebrado.

Profesor de la UNAM

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