El día de hoy, 8 de septiembre, conoceremos los resultados del examen PISA que lleva a cabo la OCDE y que evalúa entre los jóvenes de 15 años de varios países las que se consideran destrezas fundamentales para desarrollarse en la vida. Recordemos que, en 2022, PISA nos informó que solo el 53% de los jóvenes de esa edad en nuestro país alcanzó el nivel básico de lectura, que ese porcentaje descendía hasta el 34% tratándose de matemáticas y alcanzaba el 49% en ciencias. (Toda la información de esta nota está tomada de una interesante y documentada charla de Silvia Schmelkes y Carlos Mancera).

Acostumbrados a observar la política como escándalo o como cotorreo, y vaya que todos los días hay mucha tela de donde cortar, dejamos de ver y evaluar auténticas catástrofes que se desarrollan en silencio. No tienen los reflectores suficientes para colocarse en los primeros lugares de la conversación, pero sin duda acabarán modelando el México de los próximos años.

En la plática enunciada se nos proporcionaron una serie de cuadros sobre la evolución de la matrícula en los últimos años y es o debería ser un insumo para despertar del letargo a quienes pensamos que la educación no es un asunto más de la llamada agenda nacional, sino una de las asignaturas de las que dependerá, en buena medida, la calidad de nuestra convivencia.

En el nivel preescolar en 2018-2019 había inscritos 4.8 millones de niños, pero en 2025-2026 la cifra solo alcanzaba los 3.8 millones, un descenso del 20% (las cifras en números absolutos han sido redondeadas). En primaria en 18-19 estaban inscritos 14 millones y en 25-26 solo 12.5 millones, un decremento del 10.4%. Y en la secundaria en esos mismos años pasamos de 6.5 millones a 6.3 millones, un 3% menos. El gran total sería de 25.2 millones a 22.6 millones, un descenso del 10.3%.

Como escribió José Carreño Carlón, una “desescolarización” de 2.6 millones de niños y jóvenes. Pero alguien podría decir que ese descenso quizá pueda explicarse por una menor demanda de ese estratégico servicio (un auténtico derecho habilitante). Pero no, por desgracia. Si uno revisa la “tasa neta de escolarización” se da cuenta que la cobertura también ha descendido. De 71.8% en preescolar en 2018-19 a 61.3% en 2025-6. En primaria del 98.7% al 93.1% y en secundaria del 84% a 83.5%. En los tres renglones el porcentaje de niños y jóvenes en edad escolar que están siendo atendidos también decreció.

Y en la educación media superior las cifras no son menos malas. En 2018-19 había 5.2 millones de estudiantes, pero en 2025-26 la cifra era de 5.1 millones, una disminución de 2.7% y la cobertura pasó en esos mismos años del 78.7% al 74.7%, un 4% menos. (Cabe apuntar que todas las cifras son oficiales).

Recuerdo cuando en cada informa presidencial, el titular del Ejecutivo informaba del incremento de la cobertura en los diferentes niveles escolares. Sin duda tenía su mérito, aunque muchos nos preguntábamos por la calidad que nos parecía insuficiente. Pues bien, en los últimos años hemos iniciado una regresión en la cobertura, es decir, un descenso en términos absolutos y relativos en el número de alumnos que atiende el sistema escolar.

Sobre el tema de la calidad de la educación algo nos dirá el informe de PISA que hoy conoceremos. Ojalá no se le quiera exorcizar con una cantaleta que ya hemos escuchado de manera reiterada: que es un examen diseñado para otras latitudes. Porque al final, como alguien dijo en la reunión citada, el derecho a la educación es el derecho a aprender.

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