La prensa debe servir a los gobernados, no a los gobernantes.
–Joseph Pulitzer
El periodismo ejerce una función crítica frente al poder, en cualquier sistema donde exista la libertad de expresión, independiente de la afiliación política del gobierno en turno. La prensa actúa en las democracias como un contrapoder, vigilando a los gobiernos, exponiendo los abusos y garantizando transparencia. El “cuarto poder” es vital para evitar centralizar la autoridad y para proteger los derechos ciudadanos. La prensa tiene el rol de informar, cuestionar y fiscalizar a quienes están en el poder, lo cual es esencial para mantener el equilibrio de mando y evitar abusos. Si la prensa no criticara al gobierno, surgiría la interrogante sobre su propia labor independiente, la cual ejerce presión para exigir transparencia y resultados.
La 4T convertida en gobierno se ha mostrado renuente ante los críticos señalamientos de los medios de comunicación, a pesar que en sus pininos, siendo oposición, no dejó pasar una. López Obrador desde los años noventa denunció la entrega del patrimonio nacional, la privatización de empresas estatales, la corrupción en altos niveles del poder, el uso clientelar de los programas sociales y la subordinación de los gobiernos al poder económico. Ya, AMLO presidente, reclamó que 66% de las columnas en diarios nacionales fueran críticas hacia su proyecto de gobierno, mientras que sólo 10% lo respaldaban. La presidenta Sheinbaum ha propuesto fortalecer los medios públicos para contrarrestar las críticas de medios privados hacia su gobierno, impulsando noticieros y producción de contenidos en medios públicos, medios alternativos y “youtubers”, como plataformas para difundir distintas perspectivas. Claudia Sheinbaum empleó el término “carroñeros” para referirse en forma despectiva a aquellos críticos –en especial periodistas y medios de comunicación- que, según ella, se aprovechan de situaciones adversas o del sufrimiento social para desacreditar a su gobierno. Esta retórica forma parte de una reiterada reacción hacia las opiniones en contrario, refiriéndose a una “guerra sucia”. Pregunto, ¿existe la guerra limpia? ¿Cualquier señalamiento u opinión contraria es “guerra” y además “sucia”?
La presidenta Sheinbaum aludió a ciertos periodistas críticos que dieron cobertura a lo acontecido en el rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco, donde fueron halladas evidencias que señalan la existencia de un campo de exterminio, reportando la presencia de restos humanos, hornos crematorios y cientos de pertenencias personales, lo que apunta a prácticas atroces vinculadas al crimen organizado, en particular al Cártel Jalisco Nueva Generación. Estos hallazgos han provocado indignación y un generalizado clamor por esclarecer lo acontecido.
Los medios de información -no de “manipulación”, como los denominaba AMLO- deben conducirse con rigor e independencia, verificando la información bajo rigurosos estándares éticos y profesionales, con transparencia, vigilando al poder sin temor a represalias y denunciando cualquier forma de impunidad o encubrimiento, contribuyendo al debate público de manera constructiva y fomentando una efectiva rendición de cuentas por parte de quienes ejercen el poder. Si la prensa no revela los crímenes de la delincuencia organizada encubierta o tolerada por el Estado, la impunidad seguramente aumentaría. Reporte de la OCDE concluye que a menor escrutinio mediático, mayor corrupción estatal. La exposición mediática aumenta la conciencia pública, incentivando a la autoridad a actuar.