Anuncios. La vía más segura para fracasar en la previsión y el manejo de las crisis es ignorar sus anuncios y pretender que los ignoren los demás. Sólo abordo aquí algunos hechos recientes, pero hay varios más, particularmente económicos, predictores también de una crisis profunda en puerta, multifactorial, cada vez más difícil de disfrazar con cifras truqueadas o como anécdotas irrelevantes o decisiones voluntarias, no dictadas por los asedios de una crisis. No se pueden enmascarar más los hechos con las frases previsibles de las mañaneras dirigidas a trazar un paisaje de normalidad nacional, acaso alterada marginalmente por operaciones de la ‘extrema derecha’ de dentro y fuera del país.

Más allá de la anécdota. Hay dos hechos minimizados y ‘normalizados’ por la narrativa oficial, pero que trascienden lo anecdótico. Por un lado, está la suspensión de un tramo de la gira de la Presidenta el fin de semana, impuesta por esa suerte de atraco transfigurado en insurrección urbana de una camarilla sindical empoderada por el mismo régimen. Por otro, la inasistencia a la inauguración del mundial de futbol para no exponerse al rechazo de la multitud. Pero incluso las más elementales guías de gestión de crisis ubican su aparición en el momento en que las instituciones (en el presente caso, su cabeza) pierden espacios de movilidad y se ven impedidas de cumplir sus programas de acción, como ocurrió con la cancelación obligada de la visita a Zacatecas.

Se cierran los márgenes. Otro signo premonitorio, a la vista, del avance de una crisis aparece cuando se cierran los márgenes para cumplir las funciones institucionales, así sea la función protocolaria de la jefa del estado —anfitriona del evento de mayor visibilidad mundial—, incumplida el jueves con su ausencia en la inauguración del campeonato futbolero. Y es que este estrechamiento de márgenes puede estar indicando el agotamiento de los recursos estatales (políticos, fiscales, reputacionales) para mantener la tranquilidad y, en consecuencia, puede estar mostrando riesgos de clausura de algunas condiciones para gobernabilidad del país.

Crisis escondidas. Los estudiosos advierten sobre los efectos de fallar en el ‘timing’ para asumir el inicio de una crisis y para reconocer el momento de su conclusión. Ni antes, ni después, dicta la regla. Por ejemplo, Trump y López Obrador engañaron a sus países sobre la gravedad de la crisis de la pandemia, con consecuencias de alta letalidad evitable. Y Gatell se equivocó además al prolongar las medidas de contingencia, con el efecto de agudizar el giro recesivo de la economía. Y la dupla AMLO/Sheinbaum, en su intento, al parecer, de evitar ser incriminados, han pretendido ocultar los alcances de la crisis de seguridad y de la captura por los cárteles de buena parte del territorio nacional y de gobiernos y funciones estatales como la ‘tributación’ (‘derecho de piso’) y la ‘justicia’ con sus ‘ejecuciones’ colectivas.

Escalamiento binacional. El efecto de esta crisis interna de seguridad —aquí desatendida— es su escalamiento al plano binacional, con todos los riesgos de acciones unilaterales —o pactadas en la sombra— con el vecino poderoso. La gravedad de esta situación es tal que el consenso político estadounidense se inclina por recuperar, por cualquier medio, la seguridad de la región, real o presuntamente vulnerada por el trasiego trasnacional de los cárteles mexicanos. Y éstas son sólo algunas de las graves crisis inminentes negadas por el régimen.

Académico de la UNAM

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