Daños infligidos y autoinfligidos. Vayamos más allá del aturdimiento nacional ante el nuevo, arbitrario, confuso golpe arancelario de Trump contra todo el mundo, calendarizado para hoy. Se vislumbra en estas horas una ruinosa declaración de guerra comercial a escala planetaria, que nos incluye entre los damnificados y nos obliga a emprender una cuidadosa comunicación de crisis, con sus imperativos de no ocultar, no mentir ni invocar ‘otros datos’, no especular. Y falla la comunicación de crisis si, por una parte, están los llamados oficiales y oficialistas a la unidad de todos los mexicanos frente al extraño enemigo que, en 70 días, en efecto, ha infligido graves daños a la confianza de los inversionistas en perjuicio del crecimiento, el empleo y el consumo familiar de los mexicanos. Pero por otra parte se oculta la realidad de un régimen que dividió profundamente a la sociedad y ahora pretende reciclar una idea de la unidad nacional entendida como unidad en torno del régimen. Ello, con el agravante de que su desempeño va para acumular siete años de autoinfligirse graves averías en los que concierne, precisamente, a la confianza de los inversionistas, las condiciones para el crecimiento y la creación de empleos, antes de los aranceles de Trump.

Última llamada. En medio de este fuego cruzado —el extremo, de Trump, y el interno, del régimen— al que ha estado expuesto el presente y el futuro de los mexicanos, México tendría que actuar en las dos canchas. Por un lado, concurrir con la mayor eficacia tanto a las negociaciones binacionales como a los esfuerzos internacionales tendientes a detener los daños infligidos a la economía global y a la economía mexicana desde Washington. Pero, en congruencia, también tendría que detener los daños autoinfligidos por el régimen interno a la confianza de los agentes económicos, a la seguridad de las inversiones, a los derechos políticos, informativos y procesales de los particulares, daños que concurren, entre otros efectos letales, a la postración de la economía nacional. Estaríamos quizás ante la última llamada al régimen para restaurar la unidad interna y la legitimidad externa a partir de empezar a desandar los pasos hasta ahora dados para instaurar un régimen autocrático sin derechos para las personas y sin condiciones para el desarrollo, la competitividad y una decorosa interlocución en el plano externo.

Falso dilema. A la sociedad se le plantea una simplificación inaceptable en el falso dilema de que en las actuales condiciones no hay más que apoyar al régimen sin condiciones, o, de lo contrario, apoyar al agresor. Cerrar filas con el interés nacional con quienes los promuevan dentro o fuera del gobierno, ante el embate externo, no implica en ninguna forma cerrar filas con la deriva del régimen que ha concurrido, con Trump, en la pérdida de fortalezas nacionales, entre éstas, particularmente, con la degradación de la organización de una república democrática.

Línea argumental de riesgo. Ante el golpe de Trump, es previsible un acuse de recibo realista por parte de la presidenta Sheinbaum. Pero ¡cuidado! Ayer adelantó, como una especie de consuelo, la obviedad de que el golpe de hoy no será nada personal contra México, sino una política general de Washington. Nada desconocido. Pero en el contexto de obligado apaciguamiento de los ánimos cruzó una línea argumental de riesgo. Como si pretendiera que ese mal de muchos nos aliviaría de sus efectos desastrosos o anunciaría una parálisis gubernamental ante lo irremediable. O, peor aún, como si necesitáramos convencernos de que la hostilidad de Trump contra nuestras exportaciones no ‘nos la ganamos a pulso’, de que no se trata de un castigo por nuestras faltas sino un castigo universal en el que se diluirían nuestras supuestas causales de expiación.

Académico de la UNAM. @josecarreno

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