Un influyente personaje mexicano hizo la siguiente reflexión:

“En la actualidad es tal la confusión que se ha introducido que, aunque al orden presente de cosas se le llama federación, en realidad no existe cosa a la que pueda darse ese nombre.

“Hay elecciones populares, pero éstas a nada conducen porque en su resultado definitivo los gobernadores de los estados y el gobierno federal hacen nombrar a quienes les parece para congresos y ayuntamientos, atropellando hasta la apariencia de libertad.

“Hay Congreso, más éste no hace nada de lo que debería hacer; en vano se le pone a la vista todos los años el estado de la nación en las memorias de los secretarios, que han venido a ser una especie de piezas académicas costosísimas y completamente inútiles, pues no se ve que se tomen en consideración, y acaso no son ni leídas por los que debían buscar en ellas la norma de sus decisiones.

“La responsabilidad es un arma de partido, no un medio legal de contener la arbitrariedad; las disposiciones de los tribunales no se acatan, siendo tan dudosa su jurisdicción, que un pleito ruidoso que hace años se sigue con grandes gastos, no se sabe todavía cuál es el tribunal que ha de conocerlo, y la administración de la hacienda pública camina sin presupuestos, ni cuentas, al arbitrio del gobierno.

“Dar el nombre de sistema constitucional a tal desorden es violentar el significado de las palabras, y gobernar al azar, dictando providencias aisladas según las circunstancias, no es lo que puede hacer la felicidad de una nación, siendo al mismo tiempo incierto y poco seguro para el gobierno mismo.

“Prodíguense por los estados ricos los recursos en que abundan, invirtiéndolos en empresas innecesarias; gástense por el gobierno nacional los pocos con que cuenta en cosas superfluas mientras carece de ellos para las atenciones más indispensables... para la nación.

“Continúen los escritores adormeciendo a la nación con ficciones lisonjeras, haciéndole desconocer su origen y presentándole novelas como su historia, en que disculpando o disimulando las malas acciones y aun ensalzándolas como buenas, se induce a volverlas a cometer.

“Prosígase consagrando este injusto despojo, este acto de ingratitud con una fiesta nacional; considérese como mal ciudadano al que dice la verdad y téngase ésta por un crimen que la nación no le perdonará jamás.

“Mírense con indiferencia las negociaciones más importantes del Estado; abandónese su manejo a manos ineptas o infieles… y el cuadro del desastre quedará rápidamente concluido”.

¿Quién podría haber hecho semejante diagnóstico y aventurar un pronóstico tan oscuro, ante lo que evidentemente era para este personaje una situación de desgobierno, abuso e ilegalidad?

Pudieron haber sido muchos. Por ejemplo, Madero pensaba algo semejante respecto del Porfiriato. O bien el general Cárdenas lo pudo pensar sobre los gobiernos derivados de la revolución antes de que él llegara a la Presidencia; pero también Gómez Morín o Cossío Villegas pudieron haberlo dicho sobre el régimen priista hegemónico.

Y hoy en día, son muchos los políticos de oposición y críticos del obradorismo que sostienen que algo semejante está ocurriendo en el país, y vislumbran también un futuro incierto y poco edificante.

Pero el autor de estas líneas es anterior a todos ellos; se trata de Lucas Alamán describiendo en 1853 al México ingobernable y anárquico de la primera mitad del siglo XIX, que en la historia se enseña que hace mucho ha sido superado.

Pero como puede verse, mucho de lo que él destaca sigue siendo válido.

Nuestra historia sigue vigente en el presente. En muchísimos aspectos, tras casi 200 años de esta reflexión, seguimos en una situación parecida; estamos estancados en el tiempo.

Analista. @JACrespo1

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