Sergio Carmona Angulo no fue un criminal aislado. Fue el engranaje central de una maquinaria de corrupción que operó con impunidad en pleno sexenio de la mal llamada Cuarta Transformación. Su historia —y su ejecución en 2021— es mucho más que un crimen sin resolver: es una ventana al verdadero rostro del poder en tiempos de la “honestidad valiente”.

Carmona controló el llamado 'huachicol' fiscal: contrabando de gasolina desde Estados Unidos, disfrazado de legalidad a través de empresas fantasma y facturación falsa. Mientras López Obrador arremetía contra “los corruptos del pasado”, Carmona construía un imperio financiero ilícito con protección política. Financiaba campañas, prestaba aviones, repartía efectivo y cultivaba amistades poderosas. Su nombre aparece junto al de figuras como Américo Villarreal, actual gobernador de Tamaulipas, o Mario Delgado, expresidente nacional de Morena y actual secretario de Educación Pública con Claudia Sheinbaum. Pero la justicia permanece ausente. La Fiscalía, muda. El gobierno de la "transformación", en sus dos pisos, cómplice.

Su red de protección se extendía a las más altas esferas del poder federal. Sergio Carmona era muy cercano, a través de su hermano Julio, al primer director de Aduanas del sexenio: Ricardo Peralta, quien luego fue subsecretario de Gobernación con Olga Sánchez Cordero. La relación se mantuvo con su sucesor, Horacio Duarte, titular de Aduanas hasta 2022 y hoy secretario de Gobierno del Estado de México. Desde ahí se articuló una red de tráfico y corrupción que aprovechó las aduanas como centro de operaciones.

El propio Julio Carmona fue nombrado por el gobierno de López Obrador como director de la aduana de Reynosa, uno de los puntos más sensibles del comercio fronterizo. Durante su gestión se cometieron innumerables irregularidades: desvíos de fondos, corrupción, colusión con redes de contrabando. Fue tanta la podredumbre que acabó costándole el cargo. Y tras el asesinato de su hermano Sergio, Julio huyó a Estados Unidos y se puso a disposición de las autoridades. Ahí comenzó a develarse el resto del entramado: cuentas secretas en paraísos fiscales, lavado de dinero y cantidades millonarias fuera del radar mexicano.

Pero la historia no termina con los hermanos Carmona. María del Rocío Jocelyn Hernández Jiménez, fundadora de Morena y exsubdelegada federal, reveló el uso de maletas con dinero presuntamente del crimen organizado en campañas, tarjetas del Bienestar como herramienta electoral y una estructura paralela de control político financiada con dinero sucio. Los nombres involucrados son de alto calibre: Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa; Gabriel García, excoordinador de programas sociales y actual diputado federal, entre otros.

Todo esto ha sido documentado, grabado, corroborado. Pero el silencio institucional sigue siendo atronador. No hay investigaciones abiertas. No hay castigos. No hay respuestas.

Esta red de huachicol fiscal no murió con Sergio Carmona; de hecho, se ha profesionalizado en lo que va de este sexenio. La diferencia es que, aparentemente, la presión arancelaria de EU ha obligado al gobierno a combatirla. En días recientes, se han decomisado volúmenes históricos de combustible de origen ilegal. En Ensenada, Baja California, fueron asegurados 7.9 millones de litros de combustible en un predio propiedad del exsenador morenista Gerardo Novelo Osuna, quien intentó deslindarse, pero terminó borrando su declaración. En Altamira, Tamaulipas, se incautaron 10 millones de litros de diésel, un buque, 192 contenedores y decenas de tractocamiones en una operación encabezada por la Marina, la FGR y la SSPC. Se calcula que esta red de contrabando podría estar sacando del mercado formal hasta 300 mil barriles diarios.

Esto no es una suma de casos aislados. Es un sistema. Un andamiaje donde se cruzan dinero ilegal, control político, instituciones capturadas y una narrativa construida para distraer mientras se protege a los propios. La mal llamada Cuarta Transformación no erradicó la corrupción: la institucionalizó bajo nuevas siglas y discursos reciclados.

Carmona, su hermano Julio, los operadores en aduanas, las campañas financiadas con efectivo, los decomisos recientes… todos los caminos conducen a lo mismo: un régimen que se sostiene con los mismos vicios que juró combatir.

Y mientras ese sistema se mantenga impune, cada vez que el poder hable de "honestidad", no escucharemos una promesa: escucharemos una burla.

Diputado federal

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