La noticia de que Estados Unidos aplicará un arancel del 25% a los vehículos y autopartes que exporta México es mucho más que un dato técnico: es una señal de alarma. Representa una amenaza directa a millones de empleos, a la estabilidad económica de regiones enteras y, sobre todo, a la capacidad del país para defender sus intereses en el escenario internacional.

En lugar de prevenir esta crisis, el gobierno federal volvió a reaccionar tarde y mal. Hoy, como en otras ocasiones, lo que pudo haberse evitado con estrategia y diálogo, se convierte en un golpe durísimo para la economía nacional. Y lo peor es que no se trata de un incidente aislado, sino del resultado acumulado de una política exterior errática, sin rumbo y sin resultados concretos.

Solo para dimensionar el problema: el sector automotriz representa el 8.8% del PIB nacional, y el 85% de nuestras exportaciones en este rubro tienen como destino Estados Unidos. Hablamos de 136.5 mil millones de dólares en exportaciones que hoy están en riesgo. Un arancel de 25% puede reducir ese monto en más de 34 mil millones de dólares. Traducido al idioma que de verdad le importa a la gente: significa menos empleos, menos ingresos, más incertidumbre.

A esto hay que sumarle el impacto indirecto. Una caída de esta magnitud no solo afecta a las empresas exportadoras. Afecta al transporte, a los proveedores, a los trabajadores, al consumo interno. Se traduce en salarios más bajos, más informalidad, menos inversión. De acuerdo con estimaciones basadas en la propensión marginal al consumo, el golpe total podría representar hasta 122 mil millones de dólares, es decir, una caída del PIB de 6.68%. En conjunto, el daño podría llegar al 8.5% del PIB. Son cifras que deberían sacudirnos.

Y mientras tanto, ¿cuál es la respuesta del gobierno? Silencio, evasivas, o en el mejor de los casos, medidas improvisadas que llegan cuando el daño ya está hecho. No se trata de encarar al gobierno estadounidense con declaraciones grandilocuentes. Se trata de actuar con seriedad, de tener una agenda exterior clara, profesional, basada en el diálogo, pero también en la defensa firme de nuestros intereses.

México necesita recuperar su voz en el mundo. Necesita volver a ser un socio confiable, un país con instituciones sólidas, con certeza jurídica, con reglas claras. Hoy, lo que ven desde fuera es un país con señales contradictorias, donde la inversión se enfría y donde el crimen organizado parece tener más poder que muchas autoridades locales.

En este caso, además, hay una asimetría evidente. Si México decidiera aplicar el mismo arancel del 25% a las importaciones automotrices de Estados Unidos, el impacto sería mucho menor: unos 6.7 mil millones de dólares. Lo que refleja esta diferencia es que nosotros tenemos mucho más que perder. Por eso no podemos permitirnos errores. Por eso es indispensable que el gobierno actúe con visión y con inteligencia.

También es momento de mirar hacia el futuro. Esta crisis debería servir para acelerar la diversificación de mercados, para fortalecer nuestras cadenas productivas, para invertir en innovación, en capacitación, en infraestructura. No podemos seguir dependiendo de un solo socio ni de un solo sector.

Desde Acción Nacional hemos planteado propuestas para fortalecer el Estado de derecho, impulsar la competitividad y garantizar un entorno propicio para la inversión. Queremos un México que genere confianza, que compita con calidad y que proteja a su gente frente a decisiones que se toman más allá de nuestras fronteras.

Lo que está ocurriendo con los aranceles a la industria automotriz no es solo una estadística más. Es un reflejo de cómo las decisiones o la falta de ellas en política exterior terminan afectando la vida diaria de millones de mexicanos. Porque cuando falla la diplomacia, lo paga el empleo. Cuando se debilitan las instituciones, se debilita la economía. Cuando no se actúa, se pierde.

Hoy más que nunca necesitamos un gobierno que esté a la altura del reto. No para confrontar, sino para construir. No para simular, sino para resolver. Porque corregir el rumbo no es una opción, es una necesidad urgente si de verdad queremos proteger lo que tanto trabajo ha costado construir.

Presidente de Acción Nacional

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