La ética se posiciona en la palestra empresarial.
Incide en valiosos activos como la reputación, fidelidad de clientes y empleados, el cumplimento legal, la sostenibilidad de la organización, impacto social positivo y ampliación de sus ventajas competitivas.
Así, no solo es un deber moral, también representa una estrategia inteligente para garantizar el éxito y sostenibilidad a largo plazo.
Por otra parte, la ética en las organizaciones tiene un impacto medible en varios aspectos clave como productividad, retención de talento y confianza del consumidor. Tiene una incidencia positiva en públicos claves como inversionistas, consumidores y medios de comunicación.
La ética es un referente importante para generar orgullo de pertenencia entre grupos de trabajo y proveedores, al tiempo que incrementa indicadores clave como desempeño, productividad, innovaciones y otras acciones como intraemprendimientos y culturas de aprendizaje continuo y trabajo en equipo.
En contraparte, los delitos internos, como el robo hormiga y los fraudes, pueden representar pérdidas económicas significativas para las organizaciones.
Por ejemplo, en México, la inseguridad y los delitos internos generan un gasto anual estimado de 277.6 mil millones de pesos, lo que equivale aproximadamente al 1.85% del Producto Interno Bruto (PIB). Estos costos incluyen pérdidas materiales, gastos en medidas de seguridad, seguros y reparaciones, además del impacto emocional en empleados y clientes.
A nivel global, estudios de la Asociación de Especialistas Certificados en Fraude (ACFE) identifican que los fraudes internos pueden costar a las empresas un promedio del 5% de sus ingresos anuales. Esto subraya la importancia de implementar controles internos y fomentar una cultura de ética y transparencia.
Conviene entonces definir valores claros, tener un liderazgo ejemplar, capacitar al personal sobre ética empresarial. Los dilemas comunes ayudan a los empleados a identificar y manejar situaciones desafiantes de manera ética.
Es recomendable, asimismo, promover la comunicación abierta. Es decir, crear canales seguros para que los empleados puedan expresar inquietudes, denunciar irregularidades o buscar orientación sin temor a represalias.
Al mismo tiempo, se deben reconocer los comportamientos éticos. Es decir, recompensar y destacar a los empleados que actúan de manera ética para reforzar la importancia de estos valores y motivar a otros a hacer lo mismo.
Se requiere prestar mucha atención a los posibles actos de corrupción o administración fraudulenta a través de entidades independientes. Para evitar malos comportamientos conviene gestionar acciones legales contundentes.
Auditorías y controles internos, fomentar la rendición de cuentas y comprometerse con la responsabilidad social, son otras maneras de impulsar la ética en la empresa.
Rector del Colegio Jurista