Venezuela sufre hace años. Represión, racionamientos, rapacería, rapiña. Si Maduro sigue en el poder es solo como resultado de un fraude masivo y descarado en las elecciones del año pasado. Como corresponde a una dictadura, se ha negado a acatar la voluntad popular. Así, Maduro dejaría el cargo solo como resultado de violencia o por traición de sus fuerzas armadas.
La administración Trump ha decidido elevar considerablemente la presión sobre el régimen venezolano. Ha anunciado que va tras la cabeza de Maduro. Para ello ha desplegado destructores, un submarino nuclear y miles de efectivos en aguas del Caribe cercanas a Venezuela. Se especula sobre un inminente ataque o una extracción a la Noriega. Podría ser solo fanfarronería o finalmente forzar una salida negociada. Porque hoy se respira un ambiente muy distinto al 30 de abril de 2019, cuando la inteligencia cubana reventó un operativo con el que Guaidó pretendía hacerse del mando del gobierno con el apoyo de la fuerza aérea venezolana. A diferencia de hace unos cuantos años, aliados tradicionales del régimen, como China, Irán, Rusia o Siria, no están en condiciones de ofrecer ayuda.
Los ataques quirúrgicos estadounidenses contra el propio Irán dan credibilidad a las amenazas de Trump. El nerviosismo de Maduro es evidente. Su desesperado y fracasado llamado a reforzar las milicias muestra grietas al interior del régimen, en particular entre las fuerzas de seguridad. Como tantas otras veces en la historia de las autocracias, tal vez ha llegado el momento de que las filas del bolivarianismo comiencen a buscar una salida para salvar el pellejo. Un entorno fluido, pero sobretodo las agresivas muestras de poder estadounidense podrían provocar en cualquier momento una traición del ejército a Maduro. Tal vez negociar su entrega o bien alentar o tolerar su huida a un refugio, con o sin familia y riquezas malhabidas, pues ya se encargaría la larga mano de la justicia estadounidense de alcanzarlo, tarde o temprano. El dictador venezolano caería sin necesidad de un operativo militar.
Después del controvertido hundimiento de una embarcación civil, Trump podría lo mismo echarse para atrás que usar a Venezuela como distractor del escándalo Epstein. Por lo pronto, ya adelantó que no pretende un cambio de régimen sino la captura de un “narcoterrorista”. No debemos engañarnos: la motivación de EU no es democracia, sino seguridad. Su seguridad. Por tanto, la caída de Maduro no significaría en sí misma el fin de la dictadura venezolana. EU aceptaría en su lugar a un “hijo de puta” siempre que sea SU “hijo de puta”, mientras que Cuba acecharía para asegurar continuidad instalando a otra marioneta. Así, la sucesión de Maduro podría ser más a la Fidel que a la Franco. No obstante, la salida de escena del tirano ofrecería una oportunidad única a la sociedad venezolana para reconstruir su democracia y constituiría un durísimo golpe al populismo latinoamericano de “izquierda”. ¿Cómo sería la reacción de la 4T frente a esto? Tan irrelevante como su política exterior.
En todo caso, el mensaje es claro: a Trump no le preocupan la violación de los derechos humanos ni la erosión democrática. Los autócratas de la región podrán, por tanto, continuar durmiendo tranquilos. En cambio, los políticos con vínculos con el “narcoterrorismo” del hemisferio tendrían que poner sus barbas a remojar.
Diplomático de carrera por 30 años, fue embajador en ONU-Ginebra, OEA y Países Bajos @amb_lomonaco






