La nueva reglamentación técnica implementada por la máxima categoría a partir de este 2026 no sólo ha encendido el debate entre escuderías y analistas, sino también en gran medida entre los aficionados, en donde las diferentes generaciones que siguen el deporte motor se han dividido a favor y en contra del espectáculo que está ofreciendo actualmente la temporada.

El gran tema del que se habla es sin duda, el escalamiento en la energía eléctrica de los motores híbridos, que pasaron del 30 por ciento en 2025 al 50 por ciento en 2026, equilibrando su potencia con la generada por combustión interna.

Sin embargo, esto ha derivado a que en la práctica, los pilotos tengan que soltar el acelerador en las rectas para recargar batería, siendo hasta 50 kilómetros más lentos en promedio que la temporada previa.

Por ejemplo, en el Gran Premio de Australia 2025, el tiempo más rápido para lograr la pole position fue de un minuto y 15 segundos, en tanto que la de este año fue tres segundos más lenta.

Lo anterior, sobre todo a los aficionados de las generaciones baby boomers, X y hasta millennials los ha sacudido fuertemente, el saber que tanto los pilotos como los autos no van al límite de sus capacidades, como en su momento pasaba con pilotos como Jacques Villeneuve, Ayrton Senna o Michael Schumacher, que ponían ante todos su habilidad y arrojo por encima de los límites de sus motores y chasis.

Sin embargo, a la generación Z y buena parte de los millennial parece no importarle ninguna regulación si lo que están viendo en pantalla es entretenido, como los duelos entre los pilotos de Mercedes y Ferrari que se han visto tanto en el Gran Premio de Australia de inicios de marzo como en China a semana pasada.

Las expresiones en redes sociales al comparar las carreras de los años 90, así como de las dos décadas del siglo XXI con el presente, van desde “que todo tiempo pasado fue mejor”, hasta el “dejen de llorar y disfruten lo de hoy”, descalificándose ambas posturas mutuamente.

En términos de audiencia, la afición mundial por la Fórmula 1 vive por lo menos hasta 2025, uno de sus mejores momentos históricos, alcanzando de acuerdo a su último reporte los 827 millones de espectadores, con un aumento interanual del 12 por ciento y un incremento del 63 por ciento respecto a 2018.

Con una audiencia rejuvenecida, el 43 por ciento del total de los aficionados tiene menos de 35 años. De hecho, el 57 por ciento de los nuevos aficionados a la Fórmula 1 nacieron entre 1990 y el año 2000.

El choque generacional es evidente entre la que quiere saber que todo lo que pasa tras bastidores es real, entre la que sólo quiere entretenerse ante lo que recibe en pantalla o busca recibir como una buena experiencia cuando acude a un evento.

Resultado también de lo que hoy vive la industria del entretenimiento a nivel global, en donde por ejemplo en un concierto, ya no importa tanto si la banda está tocando en vivo, o incluso si ya no hay banda si la puesta en escena es atractiva, como lo que pasa en los recientes shows del Super Bowl.

Lo cierto, es que la misma FIA ya está tomando cartas en el asunto, pues sabe que no está entregando algo que sea digno de llamarse la “máxima categoría” del deporte motor, con la avalancha de críticas internas tanto de ingenieros, directores de equipo y sobre todo de pilotos (muchos de ellos campeones de mundo en competencia) que sienten y saben que esta Fórmula 1 no va bien, y a que al menos al día de hoy en su esencia a todos (muchos de ellos sin saberlo todavía) nos quitaron.

@jorgedialogante

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