El gobierno ha utilizado en varias ocasiones la expresión de nado sincronizado para acusar a sus críticos y opositores de ponerse de acuerdo en todos los medios para denostar simultáneamente tal o cual decisión oficial. Pero la 4T no canta mal las rancheras en la materia.
Sabemos todos que uno de los grandes fracasos de la democracia mexicana que se comenzó a construir en la segunda mitad de la década de los años noventa fue la falta de aggiornamento de los medios. Sí se volvieron más críticos, sobre todo las columnas de opinión, aunque no era tan novedoso el cambio. Pero los periódicos, los noticieros de televisión de gran audiencia y, en menor medida, las emisiones noticiosas en la radio siguieron caracterizándose por sus magros recursos, falta de profesionalismo, venalidad y sumisión ante los sucesivos gobiernos. Seguimos en las mismas, o incluso peor: López Obrador y Sheinbaum han desterrado, directamente o tácitamente, a decenas de editorialistas, comentaristas en radio y participantes en programas de televisión de análisis de escaso público (salvo aquel donde participaba yo y del que fui corrido, pero era visto por multitudes en Asia, África y Medio Oriente).
Ayer fue un buen día para atestiguar el nado sincronizado. Como se sabe, el martes la presidenta Sheinbaum sostuvo una conversación telefónica con Trump que duró 15 minutos, y de la cual sólo conocemos la versión mexicana. La Casa Blanca no dio readout. Van los titulares de la primera plana de los periódicos nacionales: EL UNIVERSAL, “Sheinbaum descarta intervención ante la insistencia de Trump”; La Crónica, “Trump insistió en ayudar contra los cárteles… dijimos que no”; Milenio, “Sheinbaum descarta incursión después de hablar con Trump”; La Jornada, “Aceptó Trump que intervenir en México no es necesario: Sheinbaum”; El Heraldo de México, “Descarta Sheinbaum intervención en México”; El Financiero, “Descarta Sheinbaum intervención militar en México”; El Sol de México, “Queda descartada intervención de EU”; ContraRéplica, “Descartada, intervención de EU en México: Sheinbaum”; La Razón, “Claudia habla con Trump y descarta una intervención de tropas de EU”; Diario de México, “Trump descarta intervenir en México: Sheinbaum”; Uno más Uno, “Sheinbaum descarta intervención militar de EE.UU. en México”; El Día, “Descarta Claudia Sheinbaum intromisión de EU en México”; El Independiente, “Frena CSP a Trump… por ahora”. Sólo Reforma cabeceó con otra noticia.
Incluso columnistas críticos del gobierno como Carlos Loret de Mola (“La presidente ha mostrado oficio”) y Ciro Gómez Leyva (“La Presidenta salió airosa una vez más en el uno a uno por teléfono, siempre gana Sheinbaum”), elogiaron el comportamiento presidencial. No digo ni que todos los directores de los diarios o los editorialistas sigan línea, aunque muchos sí lo hacen. Simplemente subrayo la inverosímil coincidencia. Sobre todo, proviene de una intención o decisión atribuida por Sheinbaum a Trump, en respuesta a una pregunta sonsa formulada por un reportero o reportera escasamente sofisticado o sofisticada (y soy generoso). Vean: “Pregunta: Con todo respeto, señora Presidenta, Doctora, ¿sí quedó descartada una acción militar?, ¿usted considera que… Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo: Sí. Pregunta: ¿Sí? Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo: Sí. Pregunta: ¿Tras esa llamada, quedó superdescartada? Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo: Sí.”
Contrasto este intercambio con la versión de Estados Unidos y el análisis de dos diarios norteamericanos. Como ya recordé, no hubo readout de la Casa Blanca. La vicevocera presidencial Anna Kelly se limitó a declarar lo siguiente: “Trump tuvo una “great” plática con la presidenta Sheinbaum.
El objetivo principal del presidente es detener la plaga de narcoterrorismo que está destruyendo a muchas comunidades en todo el país, y está dispuesto a utilizar cualquier herramienta a su disposición para salvar vidas americanas”. Si eso significa descartar una intervención, no quisiera ni pensar cómo sería confirmarla.
Tanto The New York Times como The Wall Street Journal publicaron estos últimos días largos artículos, basados en filtraciones de altos funcionarios mexicanos, sobre la reacción real del gobierno ante la captura de Maduro en Venezuela. Colaboradores de García Harfuch —o él mismo—, Roberto Velasco de la SRE, y otros que trabajan en Palacio —ninguno citado por nombre, pero es evidente quiénes son— confiaron a los corresponsales que no cundió el nerviosismo, sino el pánico en el gobierno. Por una razón que muchos comentócratas mexicanos han subrayado igualmente: es imposible saber qué va a hacer Trump con México.
Pero el dilema sí se puede fácilmente describir. Si Washington pide la cabeza de un narcopolítico, o si recurre al lanzamiento de misiles contra instalaciones del narco —laboratorios, transporte, bodegas, etc.— o, sobre todo, si “extrae” a un gobernador, exgobernador o exsecretario de Estado, todo ello de manera unilateral, ¿cómo puede reaccionar el gobierno? Envolverse en la bandera entraña riesgos inmensos con Washington en otros ámbitos —comercio, frontera. Permanecer callado entraña riesgos inmensos con Palenque y las hordas cuatroteras. Seguir el modelo nigeriano, de engañar a todos afirmando que se trató de una operación conjunta, entraña riesgos inmensos de ser ventaneados por Trump, que únicamente busca las medidas unilaterales que encienden a su base MAGA.
Ambos diarios concluyen que se ha reducido el margen de maniobra de Sheinbaum, atrapada entre la espada de Trump y la pared de López Obrador. Aunque la relación entre los servicios de seguridad de los dos países sigue siendo robusta, los mexicanos temen que las bases trumpistas se deleiten con golpes espectaculares como el de Caracas, y que Trump sucumba ante la tentación de “hacer algo con México”.
Eso le dicen los colaboradores de Sheinbaum, obviamente con su autorización, y de manera anónima, a los periodistas extranjeros. A los mexicanos, atole con el dedo.
Excanciller de México

