Cuba está ante la posible “solución” al estilo Delcy Rodríguez: el establecimiento de un gobierno títere de los Estados Unidos, integrado por la casta dinástica castrista a cambio de salvar el pellejo y su inmensa fortuna.

Elizabeth Burgos, mujer legendaria, fundadora del castrismo y operadora del mismo en América Latina, escribió: “Limpiar la historia del Siglo XX de la instrumentación que ha hecho el comunismo ruso, y ahora, el narcoleninismo populista en que ha devenido el castrismo. Es hora de asumir que el 3 de enero significó la cancelación del castrismo”.

Esta amarga realidad es el resultado de una doble y perversa combinación: el delirante poderío de Donald Trump y la agonía de un “modelo de socialismo” que condujo a Cuba a ser una prisión sin libertad, sumida en la miseria y el hambre.

Este fenómeno histórico se fue conformando a lo largo de un proceso donde Fidel Castro pasó de ser el gran líder de la Revolución Cubana, a ser un dictador. Su sueño de ser la rencarnación de José Martí fracasó, la historia no lo absolvió.

Traicionó a la gran Revolución Cubana, que mediante una burocracia abyecta condujo a Cuba al desastre. Esa ruta de la utopía libertaria a la pesadilla a la dictadura, se inició cuando Castro aprobó la invasión soviética a Checoslovaquia, se negó a condenar la masacre de Tlatelolco, montó el juicio contra Heberto Padilla y se agravó al postrarse de manera absoluta a la URSS, implantando un modelo similar al del imperialismo, donde los países secundarios como Cuba eran monoproductores de materia prima y los centrales producían máquinas para hacer máquinas, como lo denunció el mismo Ernesto Che Guevara en Argel, el 24 de febrero de 1965, que lo aisló y lo obligó a salir de Cuba.

Sin duda alguna la traición a la Revolución Cubana, la que nos inspiró a toda una generación en nuestro continente y a nivel mundial, se gestó al ir cercenando las libertades y el pueblo cubano fue sometido a una dictadura totalitaria.

Cuba debe ser un ejemplo para no repetir jamás una dictadura a nombre del socialismo.

Sin libertad no puede haber socialismo.

Estamos ante un escenario muy amargo, Trump ha demolido el sistema internacional surgido después de la II Guerra Mundial, ha impuesto un “modelo” de patios traseros , lo que le da una gran impunidad.

En México no ha requerido hacer una incursión para imponer sus órdenes, la presidenta Sheinbaum lo obedece en todo, incluyendo la cancelación de donación de petróleo a Cuba. Trump realizó un operativo para llevarse al Mayo Zambada a Estados Unidos, realiza con frecuencia vuelos de inspección, traslado de tropas y otras actividades militares; ha impuesto una política criminal contra los migrantes mexicanos y los que cruzan nuestra frontera; la Presidenta realiza sistemáticamente e ilegalmente expulsiones de prisioneros que son entregados a los aparatos policiacos o militares de los Estados Unidos; obtiene acciones del gobierno mexicano para establecer aranceles contra las mercancías chinas; todo eso y más lo han hecho en medio de una estridencia antiyanqui, totalmente ridícula.

Es la hora de resistir a la nueva hegemonía yanqui y cancelar al castrismo.

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