24IMAGES, revista de cine de Quebec, dedica su número 215 al cine palestino. Ahora que el mundo, fascinado por otros conflictos, olvidó Palestina, la revista nos recuerda que el asalto a la cultura participa de la destrucción de un pueblo. Raphael Lemkin quiso introducir en la definición del genocidio, esa dimensión. El cineasta Razan AlSalah escribe que la televisión y las redes transforman las imágenes de violencia en contenido efímero. En efecto, los bombardeos sobre Teherán han borrado los de Gaza, que habían borrado los de Mariúpol y Kyiv. “El cine ofrece un espacio colectivo cuya lentitud resiste esa lógica. Crea condiciones para la atención, la reflexión, la conversación y se opone a la pasividad del espectador de las plataformas numéricas”. El cine es un buen instrumento para luchar contra la deshumanización de las víctimas.

La portada de la revista ofrece una imagen del corto A Space Exodus de Larissa Sansur: la artista disfrazada de cosmonauta clava la bandera palestina en la luna y declara “es un pequeño paso para un palestino y un gran paso para la humanidad”. Uno recuerda lo dicho por Edward Saïd: “el destino de los palestinos es, de cierta manera, no de terminar en sus tierras de origen, sino en un lugar inesperado y alejado”. Su frase abre la película de Mahdi Fleifel, Vers un pays inconnu (2024).

Vuelvo al genocidio cultural. En cada ofensiva israelí, especialmente a partir de 1982 cuando Arik Sharon tomó Beirut y se llevó los archivos de la OLP, sin olvidar fotos, mapas y películas, Tsahal toma o destruye sistemáticamente los archivos. En octubre de 2023, después de la criminal masacre del día 7 perpetrada por Hamas, el primer edificio bombardeado en Gaza fue el Archivo municipal: una catástrofe histórica y científica. Así privan a los palestinos de su historia para decir, como Golda Meir, que no existen. Al apropiarse de los archivos como botín de guerra, o al destruirlos, Israel impone su discurso de conquistador; sus arqueólogos hacen los mismo en su campo

La cineasta israelí Karnit Mandel, en A Real War: Shalal (2021), presenta imágenes de la vida palestina en 1948, luego en los años 1950-1960, imágenes que encontró en un archivo israelí que detiene bobinas de películas del fondo OLP. Batalló para entrar, pero terminaron por darle acceso y la peli no fue censurada. Rona Sela, israelí también, buscaba imágenes para su proyecto: construcción de la identidad sionista. Dio con el material confiscado: cientos de películas, 2.7 millones de fotos, 96 mil audios, 46 mil mapas y fotos aéreas, reunidos en los archivos militares israelíes desde 1948.

A pesar de todo, algo se salvó y se está salvando. Desde 1976, Khadidzheh Habashneh, directora de los archivos del Instituto del Cine Palestino de 1976 a 1982, esposa de Mustafa Abu Ali, cineasta, trabaja en salvar las películas; ¿anticipaba su desaparición? Escribió Caballeros del cine. Historia de la Unidad del Cine Palestino. Colocó en la cinemateca de Toulouse las copias encontradas en Roma, Túnez y otros lugares; la franco-palestina Asmaa Al-Atawna las clasifica y restaura. May Odeh, directora y productora palestina, reside en Alemania y nos explica como muchas películas palestinas sirven, de manera involuntaria, a documentar la evolución de la geografía de su tierra. Uno puede comparar un paisaje de 1980 y el mismo en 2020. Se ve la expansión del ocupante israelí, con sus colonias, muros, puntos de control, y la destrucción de los edificios, de los olivares visibles en 1980. Resistir/Existir…

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