Se puede escribir Historia con Hache alta, pero hablaré de la Historia con su Hacha en alto. Porque no debemos olvidar ni los palestinos, ni los iraníes, ni los congoleses, ni los sudaneses, ni… ¡qué largo rosario tendremos que enumerar! No debemos olvidar a los cubanos y a los ucranianos que se encuentran, por razones diferentes, sin energía, sin luz. Por lo menos los cubanos no sufren del frío, mientras que los ucranianos se la pasan a una temperatura de menos 20 grados, cuando no es menos 25 bajo cero. Es un deber democrático ejercer la solidaridad moral con los que luchan y mueren por la libertad.
La historia cruel con su hacha levantada nos muestra a los rusos, al mando civil y militar ruso, no quiero implicar al pueblo ruso, comportándose como los alemanes cuando organizaron el bloqueo de Leningrado, en la segunda guerra mundial, esperando que el frío extremoso rindiera a la población. Ahora Putin y sus generales esperan que el frío desmoralice a los ucranianos que sobreviven en departamentos congelados sin luz, ni agua, ni calefacción. Se equivocan, la sociedad civil se organiza, la solidaridad reina y organiza fogatas y comidas colectivas en la calle. Millones de personas, víctimas de la Historia.
Y cada noche, el apocalipsis de los drones y de los misiles que no dejan dormir. En enero, Ucrania recibió 1,340 bombas guiadas, de cinco a veinte por noche, y miles de drones cada semana; el 7 de febrero: 408 drones y 41 misiles sobre la capital, Kyiv. El día anterior, 7 misiles y más de 300 drones. Drones y misiles armados con componentes electrónicos esenciales fabricados en Europa y Estados Unidos. ¿Cómo llegan a Rusia? Por conducto de 66 individuos y 62 “personas morales” que saben esquivar las sanciones.
No debemos olvidar a los ucranianos que viven en los territorios ocupados por el ejército ruso. Además de sus problemas materiales, temen el arresto arbitrario, deben callarse, sufrir la rusificación forzada, la leva militar, los centros de “filtración” y tortura. Mientras el pueblo ucraniano sufre, Europa lo felicita por su resistencia y multiplica sus afirmaciones (huecas) de solidaridad. Ciertamente, el parlamento europeo acaba de aprobar un préstamo de 90 mil millones de euros a Ucrania, pero Europa ni tiene la capacidad militar, ni la voluntad de hacer mucho más. Dividida, le teme a Rusia. Quisiera que Ucrania no fuese derrotada, pero está dispuesta a aceptar el hecho; lo que no quiere es una derrota rusa con la posible caída de Putin y un caos al estilo 1917-1921. Del abandono bastante adelantado de Ucrania por los EU, ni vale la pena hablar, es demasiado obvio. Donald Trump exige que la paz reine a más tardar en junio y, como no le puede exigir nada a su amigo Vladímir Vladímirovich, le tocaría a Ucrania rendirse.
El tema de las relaciones perversas entre los dos presidentes, el ruso y el yanqui, nos llevaría probablemente del lado del fabuloso asunto Epstein y al tema de los “kompromat”, compromisos/chantajes que fueron siempre el fuerte de los sucesivos NKVD, KGB y ahora FSB. No creo que los rusos tengan atrapado a Trump por un “kompromat”, su fascinación por Putin, el “hombre fuerte” que considera su alter ego, es suficiente para explicar mucho. En cuanto a sus contradicciones, a sus cambios de ruta y de humor, un día humillando a Volodymyr Zelensky, para abrazarlo al día siguiente, son las de su bando, dividido entre los halcones de la guerra fría y los aislacionistas de la familia MAGA. Y los ucranianos pagan el pato. Y puede que nos toque a nosotros también algo muy desagradable.
Historiador en el CIDE

