Hace poco se presentó en el Castillo de Chapultepec el resultado, en forma de libro de gran formato (Encuentro México y Francia. Innovación y Uso de la Tecnología en la Conservación del Patrimonio Cultural) del coloquio que tuvo lugar en México, en febrero del año pasado: 7 mesas redondas, 29 ponencias, cuatro conferencias magistrales con la participación de 55 panelistas. Instituciones y empresas de los dos países participaron e hicieron posible el encuentro, desde las Secretarías de Cultura y las embajadas hasta el INAH, pasando por la Asociación de Alumni México-Francia, y los Colegios de Ingenieros civiles de México y Puebla. Así abrieron un espacio de diálogo entre los dos países (que celebran en el presente año el bicentenario de sus relaciones diplomáticas, 1826-2026) para compartir experiencias y conocimientos sobre el uso de las técnicas de vanguardia en la protección, conservación y restauración del patrimonio cultural.

Entre las 33 ponencias y conferencias se puede señalar —de manera inevitablemente injusta— la reconstrucción de la catedral Notre Dame de París (“La ciencia en acción”), la intervención en la cúpula de Nuestra Señora de los Ángeles, de la colonia Guerrero en la Ciudad de México, el diagnóstico a través de los métodos geofísicos, la fotogrametría digital, la cooperación efectiva entre los dos países y la necesaria divulgación del patrimonio cultural. Los estudios de numerosos casos concretos demuestran que nuestro futuro estará mejor cimentado si trabajamos juntos, como de hecho se ha empezado desde el temblor de 2017, para conservar el legado de nuestros antepasados pensando en las generaciones futuras. Los participantes sentaron las bases para futuras colaboraciones entre los dos países. Por cierto, el Encuentro de 2025 fue visto en muchos estados mexicanos, en Francia, Argentina, Centroamérica y otros países.

​Sumo interés presenta la ponencia de gran actualidad intitulada “Riesgos geotécnicos y patrimonio cultural en la ciudad de México”, en la Mesa “Anticipación y gestión de riesgos: la vulnerabilidad sísmica en México y Francia”. Nuestra capital, por encontrarse sobre suelos blandos en zona sísmica, está sometida a temblores y hundimiento, fenómenos agravados por el cambio climático y el sobre-turismo: cada fiesta, cada concierto que junta multitudes en el Zócalo, provoca un hundimiento mayor.

​La reconstrucción de Notre Dame de París ofrece un excelente ejemplo del uso de las nuevas tecnologías y vale la pena señalar, sin chovinismo, el trabajo del arquitecto mexicano Alejandro Arredondo, especialista en el modelado de información de construcción; él dirigió el equipo que desarrolló la maqueta tridimensional para reconstruir muros, techos y bóvedas. La innovación tecnológica abre un mundo de nuevas posibilidades para estudiar, restaurar y difundir los bienes culturales: escáneres láser, fotogrametría digital, drones etc. Se evidencian los avances, pero también los desafíos inmediatos y a futuros.

​México y Francia tienen una larga tradición de cooperación cultural; ambas naciones son orgullosas del patrimonio cultural que heredaron como testimonio del pasado y fundamento de su personalidad. La tecnología aplicada al patrimonio se encuentra al servicio de la comunidad para sustentar los valores que definen nuestras sociedades. Al final del encuentro de 2025 y de la presentación del libro, el 18 de mayo pasado, pudimos medir hasta que punto compartimos problemas y su resolución en materia de patrimonio. El último orador concluyó: “Deseo fervientemente que México y Francia colaboren a gran escala, y con el resto del mundo”. Especialmente frente al cambio climático y sus efectos sobre el patrimonio cultural. “En los años que vienen, es un tema global a nivel mundial”.

Historiador en el CIDE

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