Lo difícil es no distraerse con los absurdos de esta campaña. Ahí está la candidata que se presenta como “Dora la Transformadora”, una abogada que creyó buena idea protagonizar un promocional donde tira al piso lo que pretenden ser expedientes judiciales. Tal vez no ha reparado en que su trabajo, le guste o no, será justamente analizar esos expedientes para proteger los derechos de personas de carne y hueso. Difícil también ignorar al candidato que se presenta como el “Señor Justicia”, a la ministra en funciones que se autodefinió como una “chulada”, o a la aspirante que hace campaña posando en redes como influencer.
Es comprensible que la atención pública se concentre en estos disparates. Pero eso no es lo verdaderamente preocupante. Si hablamos de distracciones, lo más grave es que algunas también vienen del Instituto Nacional Electoral (INE). Aunque parezca increíble, el Consejo General del INE ha estado ocupado discutiendo asuntos de máxima importancia para el futuro de nuestra democracia. Por ejemplo, ha determinado que, para garantizar la equidad en la contienda, es indispensable prohibir que los organizadores de foros ofrezcan café y galletas a los asistentes. “En tal virtud, el organizador no deberá proporcionar alimentos o cafetería a los asistentes, en concreto cualquier hecho o circunstancia que afecte la equidad”. No es un mal chiste: es el acuerdo INE/CG334/2025. La democracia se tambalea, pero el INE protege lo realmente importante: que nadie se tome un café de más.
En el mismo tono, el INE también concluyó que los “arranques de campaña” estaban prohibidos. Así lo dice el acuerdo INE/CG229/2025: las candidaturas “no podrán llevar a cabo un evento conocido como ‘arranque de campaña’”. ¿El argumento? Que sus propios lineamientos no prevén su existencia. “Los lineamientos no prevén expresamente que se pueda llevar a cabo un acto conocido como ‘arranque de campaña’”. Al parecer, en el INE no sólo han perdido de vista el principio de legalidad —según el cual las personas tienen permitido todo lo que no está prohibido—, sino también el sentido común. ¿Por qué, si la Constitución autoriza las campañas, habría de prohibirse su arranque? Para el INE, lo que sus lineamientos no permiten está prohibido —aunque sea el ejercicio de un derecho fundamental—.
La realidad, por supuesto, no se detiene por estas relevantísimas discusiones. Hubo arranques de campaña, claro que sí. Era inevitable. Y eso no es lo preocupante. El verdadero problema es que también hemos presenciado actos que violan de manera frontal los principios constitucionales que garantizan elecciones libres y auténticas.
Lo que debería escandalizarnos es que una ministra en funciones arrancó campaña en un auditorio repleto del Sindicato Mexicano de Electricistas, arropada por organizaciones sindicales, como se reportó en este diario. Lo que debería preocuparnos es que la autodenominada “Ministra de la Transformación” hizo lo propio, sólo que con las secciones 32 y 36 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Lo que debería alarmarnos es el tsunami de dinero ilícito que ya asoma en las campañas, y que el INE difícilmente podrá detectar —especialmente si sigue ocupado en prohibir lo permitido o en vigilar lo irrelevante—.
La equidad electoral no está en el café o las galletas; está en el dinero sucio que parece que la autoridad no quiere ver ni fiscalizar.
Las y los consejeros del INE, además, deberían tener claro que el guión ya está escrito. Cuando fracase la elección judicial, los verdaderos responsables del desastre, la presidenta Sheinbaum y el Congreso dominado por Morena y sus aliados, culparán al INE. Usarán el fracaso como pretexto para impulsar una nueva reforma, probablemente para desaparecer al instituto y remover a la mayoría de sus consejeros. Algunos serán castigados, otros —ya lo sabemos— muy probablemente serán premiados. El INE será el chivo expiatorio de una misión imposible y el obradorismo se lavará las manos con todo gusto y cinismo.
Es probable que el INE no pueda evitar su destino, haga lo que haga. Pero en la llamada “herradura de la democracia” aún hay personas con dignidad, ética y sentido de Estado. Puede que no puedan decidir si se quedan o se van. Pero sí pueden decidir cómo se van: con dignidad, sentido de responsabilidad y defendiendo los principios de la democracia. Para eso, sin embargo, deben dejar de preocuparse por la cafetería para comportarse como lo que son: guardianes de la Constitución.
Javier Martín Reyes. Investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y en el Centro para Estados Unidos y México del Instituto Baker. X: @jmartinreyes