Podría sonar a título de una película y a cartel de lucha libre en la Arena México, o tal vez a panfleto político-social rescatado de los años sesenta. Pero no, es una bronca muy del siglo XXI donde humanos creativos tratan de no ser arrinconados por máquinas que, paradójicamente, diseñaron ellos mismos.

Desde hace años me he declarado promotor del uso de tecnología, del desarrollo digital y de esa idea optimista según la cual los avances técnicos empujan a la humanidad hacia algo mejor. Así que, de entrada, parecería que criticar a la inteligencia artificial aplicada al cine es una más de mis contradicciones intelectuales. No lo es. Creer en la tecnología no implica rendirse ante ella. La tecnología puede ser bondadosa, eficiente y espectacular, siempre y cuando esté acotada por algo tan antiguo como el bienestar humano.

El fin de semana pasado fue particularmente simbólico. Aunque no existe designación oficial de la Organización de las Naciones Unidas, cada segundo sábado de febrero se conmemora el Día Mundial del Cine. Esta vez coincidió con el 14 de febrero, San Valentín, una fecha perfecta para celebrar el amor, incluso el amor al séptimo arte. En México, además, fue un fin de semana muy cinéfilo pues el Gobierno Federal presentó incentivos para la industria y, desde el viernes previo, la iniciativa de Ley Federal de Cine y el Audiovisual.

La propuesta de ley busca actualizar un marco legal que llevaba más de 30 años acumulando polvo, fortalecer la industria nacional y responder a los retos tecnológicos, económicos y creativos de la era digital. El texto toca muchos frentes como derechos culturales, espacios para el cine mexicano en salas y plataformas, e incentivos económicos; pero hay un punto que merece un reflector: la protección a los intérpretes de doblaje frente a la inteligencia artificial.

La reforma plantea cambios a la legislación laboral y de derechos de autor para resguardar a quienes viven de su voz. El objetivo es que quede muy claro que la voz humana no es un archivo descargable ni un preset reutilizable. Es una herramienta artística única.

La iniciativa plantea consentimiento informado para usar voz e imagen, contratación transparente, remuneración justa, sanciones por uso no autorizado y mecanismos de resolución de conflictos a través del INDAUTOR. En síntesis, no todo lo que la IA puede hacer debería hacerse sin pedir permiso.

Esta iniciativa mexicana también coincide con una tendencia global en la cual los humanos creativos del cine (actores, guionistas, técnicos) mantienen una batalla abierta contra las IA. No es paranoia ni tecnofobia, es supervivencia profesional.

El pasado jueves, la empresa dueña de TikTok, ByteDance, lanzó Seedance 2.0, un modelo de creación de video impulsado por inteligencia artificial. Aunque el lanzamiento pareciera una divertida ocurrencia más, casi como un lúdico creador de memes; en la realidad este generador de videos para usuarios finales con estrellas de Hollywood parece ser una seria amenaza a la creatividad.

En cuestión de horas Seedance 2.0 pudo crear videos de Tom Cruise y Brad Pitt peleando, o de Rocky Balboa compartiendo mesa con Optimus Prime en un restaurante de comida rápida. Divertido e ingenioso, pero también inquietante y desafiante. No se trataba de fan art artesanal, sino de una herramienta que convierte la creatividad humana en materia prima barata.

Desde 2025 algo similar ocurrió con Sora 2, de OpenAI. La presión de la industria obligó a su director, Sam Altman, a recular un poco y prometer mayor control y respeto a la propiedad intelectual. ByteDance se comprometió a lo mismo con Seedance y se espera que la IA estará acotada. Aun así, el patrón se repite. La regulación real de la IA creativa ha quedado en manos de las propias empresas que desarrollan esas herramientas. Autocontrol corporativo, una de las ficciones más persistentes del capitalismo tecnológico.

En un mundo ideal, la autorregulación y la ética podrían funcionar. En el mundo real, donde los incentivos económicos pesan más que las buenas intenciones, confiar ciegamente en la ética empresarial resulta, cuando menos, ingenuo. Por ello, creo que tal vez no sea mala idea que las autoridades de todo el mundo empiecen a lanzar advertencias y decir que no está chido usar IA para todo, y menos para sustituir talento humano.

Más allá de eventuales violaciones a los derechos de propiedad intelectual o derechos de autor, los gobiernos y legisladores deberían crear de manera urgente algunos esbozos de ley o reglamentaciones para que la creación con IA se realice con responsabilidad y respeto para todos los seres humanos.

El problema ya no se limita a posibles violaciones de derechos de autor. Empieza a ser un asunto de higiene cultural. Identificar qué contenido fue creado por humanos y cuál por máquinas se volvió una tarea cansada, fastidiosa y, en ciertos contextos, peligrosa. Incluso me inclino a pensar que hay casos en los que el uso de IA podría considerarse como publicidad engañosa. Si no sabes lo qué es real, todo pierde valor.

Los sindicatos de actores, escritores y creativos en Estados Unidos y México ya levantaron la voz pero la pregunta incómoda sigue en el aire: ¿qué van a hacer los gobiernos para evitar que las inteligencias artificiales ahoguen, poco a poco, a la inteligencia y creatividad humanas? El cine es una industria de sueños y la IA amenaza con convertir esos sueños en simples renders sin alma. Y eso, por más espectacular que se vea en pantalla, no debería ser el final de la película.

LEVANTA CAPITAL

En el ecosistema fintech, donde todos prometen disrupción, pero pocos mueven la aguja, EFEX decidió ir por la tesorería corporativa transfronteriza, ese pantano administrativo donde el dinero avanza con la velocidad del fax. Así, la plataforma financiera global, con sede en México y Estados Unidos; anunció el cierre de una ronda semilla de 8 millones de dólares, coliderada por PayPal Ventures y Floodgate, con el respaldo de Contour Venture Partners y Nido Ventures.

Según el Banco Mundial, los pagos internacionales todavía tardan entre uno y tres días hábiles y cuestan entre 5% y 7% por transacción, por ello, en pleno 2026, mover dinero entre países sigue pareciendo un trámite diseñado para castigar a quien produce. EFEX quiere cambiar esa lógica con una infraestructura moderna, apoyada en inteligencia artificial y pensada para empresas del mid-market que ya se cansaron de sistemas heredados.

La compañía llega a esta ronda con números que incomodan. Multiplicó por seis sus ingresos en 2025 y procesó más de mil millones de dólares en pagos. Dimitri Zaninovich, su cofundador y CEO, afirma que la tesorería actual funciona por costumbre, no por eficiencia. Por ello EFEX apuesta a que, en finanzas corporativas, la verdadera innovación no hace ruido, pero sí ahorra tiempo, costos y dolores de cabeza.

*Columnista y comentarista

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