Para el ojo mexicano es muy difícil distinguir a su tercer país más importante, cuando el hegemón es Estados Unidos y el disputante es China. La tercera potencia por su relevancia económica e institucional podría ser la alemana. Mas en el corazón mexicano estaría España o para su “generación NAFTA”, Canadá. Alemania y Rusia son dos países que se ven muy grandes, pero en la distancia y apartados de la primera línea del interés nacional.
Parte de la confusión para saber cuál es la tercera potencia mundial la generaron la propia Alemania y Rusia. Los alemanes se encogen y los rusos se ensanchan. “El hegemón reluctante”, llamó la revista The Economist a Alemania (2013), un águila que se esconde bajo su ala por la vergüenza de su pasado en los dos Guerras Mundiales. Por el contrario, Rusia es un oso que se para y abre los brazos.
El mismo presidente de EU, Donald Trump, ha dicho que los “rusos derrotaron a Hitler y Napoleón”. Ahí es donde se ilustra el tema de percepción, ya que hoy sus capacidades nacionales son menores que en esos dos episodios históricos. Los rusos, aunque son una potencia media como México, bajo muchos indicadores, juegan como potencia principal, simplemente porque “se lo creen” y porque otros países “lo asumen” también.
El ejemplo alemán demuestra que las preferencias de México no tienen sólo como prioridad al factor económico. Después de EU y China, supondríamos que Alemania sería el socio más atractivo. Posee la tercera posición mundial en el PIB (producto interno bruto), con más de 5 trillones de dólares (FMI, 2025) y es el maquinista de la Unión Europea. Su dimensión económica duplica a la canadiense y casi triplica a la española. Es una de las pocas potencias mundiales que todavía prioriza el institucionalismo, el estado de derecho y la Carta de la ONU.
En términos económicos, Rusia no juega entre los tres protagonistas globales, sino en el número 9. Es siete veces menor que China y casi duplicado por India. Si hablamos de la riqueza creada por la industria al transformar materias primas, el valor agregado manufacturero (Banco Mundial, 2024), Alemania se disputa el tercer lugar con Japón. Rusia está por debajo de Corea del Sur y México, en el número 11.
Empero, una razón por la que Rusia se percibe como el segundo poder del planeta, es por su capacidad nuclear (1,718 ojivas nucleares estimadas, Biblioteca del Congreso, EU). Bajo ese razonamiento, los rusos podrían equilibrar a Estados Unidos, después de China.
Además, hay una afinidad mexicana que viene de la Guerra Fría y la Revolución Rusa. La Unión Soviética encabezó un poder alternativo al “americano”. Figuras revolucionarias como Leon Trotsky se convirtieron en “más mexicanas” que rusas. Trotsky fue dejado de estudiar en el civismo soviético desde la época de Stalin, no fue relevante en la época de Gorbachov y no es muy discutido en la Rusia capitalista actual. En cambio, un sector universitario mexicano le mantiene alta admiración o empatía.
Una vez que México distinga a la tercera potencia mundial, según su visión, tendrá que definir qué número le asigna en su propia lista de prioridades. Canadá y España están en la discusión. Ni Alemania, ni Rusia son en este momento su número 3, mas como se ha demostrado los números se mueven.
Especialista en geopolítica y miembro de Comexi

