En un mundo donde la inteligencia artificial y el arte generativo copan titulares, una exposición en Viena nos invita a mirar hacia atrás, a los orígenes humildes y visionarios de la creación digital. La Kunsthalle de la capital austríaca ha inaugurado "Software Radical: Mujeres, Arte e Informática 1960-1991", una muestra que rescata del olvido a las mujeres que, hace sesenta años, ya estaban utilizando la informática como herramienta y musa para sus innovadoras obras.

Más de 140 piezas, generadas por las ya primitivas máquinas, componen este fascinante recorrido por una historia del arte digital contada con perspectiva de género. La exposición no solo celebra la creatividad de estas pioneras, sino que también subraya su papel fundamental en el nacimiento y desarrollo de la informática como ciencia y tecnología. La sombra inspiradora de Ada Lovelace, la matemática británica del siglo XIX que intuyó el potencial creativo de las máquinas de cálculo más allá de los números, planea sobre toda la muestra.

"Software Radical" se articula en cinco capítulos que revelan la sorprendente diversidad de enfoques y disciplinas de estas 50 artistas provenientes de catorce países. La primera sala, paradójicamente desprovista de electrónica y repleta de papel perforado de impresora, nos recuerda la dimensión analógica de los primeros "ordenadores": personas dedicadas a realizar cálculos manuales, hoja tras hoja. Aquí encontramos la obra de la alemana Hanne Darboven, cuyo meticuloso registro numérico del tiempo a través de ondas dibujadas a mano en láminas de papel nos conecta con la paciencia y la dedicación que precedieron a la inmediatez digital.

En el centro de la sala, una antigua impresora matricial escupe las líneas de "La Casa del Polvo", el poema generado en 1967 por Alison Knowles al alimentar un rudimentario ordenador con listas de palabras. Este ejemplo primigenio de literatura algorítmica subraya la capacidad de estas mujeres para ver en la tecnología no solo una herramienta de cálculo, sino también un medio de expresión artística.

La exposición también destaca la trayectoria de artistas que transitaron del mundo de la ciencia al del arte, como Inge Borchardt, quien aprovechó su trabajo como programadora en un centro de física de partículas para crear evocadores diseños curvilíneos a partir de ecuaciones, o la española Elena Asins, pionera en los seminarios sobre informática aplicada al arte en Madrid.

Videocreaciones, tapices inspirados en las tarjetas perforadas de los telares automatizados, cuadros dinámicos programados y la primera figura femenina diseñada en tres dimensiones son otros ejemplos de la riqueza y la audacia de estas creaciones, muchas de ellas gestadas en máquinas hoy legendarias como el Commodore 64 o el Amiga 500, que democratizaron el acceso a la informática en los hogares durante la década de 1980.

La muestra no elude la crítica social, como lo demuestra la performance de Barbara Smith, quien en 1975 utilizó ordenadores para dibujar 3.000 copos de nieve binarios que luego lanzó desde un hotel en Las Vegas, o la temprana denuncia de la falta de perspectivas femeninas en el mundo digital a través de la serie de animaciones por ordenador "Girl Lifts Skirt" de Rebecca Allen.

"Software Radical" no es solo una exposición de arte; es un acto de justicia histórica que busca inspirar a las nuevas generaciones, especialmente a las mujeres jóvenes, mostrándoles referentes femeninos en un campo que históricamente ha sido percibido como masculino. Si bien la exposición es in situ es de aquí al 25 de mayo, en la página y redes de la Kunsthalle de Viena se ha estado subiendo mucho material para disfrutar de las obras a distancia.

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