Al llegar a México 70, el técnico de la selección brasileña Mario Lobo Zagalo ordenó a todos sus jugadores que al bajar del avión pisaran el suelo con el pie derecho. En Francia 98, antes de comenzar los encuentros mundialistas, el defensa Laurent Blanc corría a besarle la calva al portero Fabien Barthez.
El argentino Enzo Fernández usó el mismo calzoncillo en todos los partidos del Mundial. Cristiano Ronaldo tiene que ser el último jugador en salir del túnel.
A diferencia de sus compañeros de la selección albiceleste —Nicolás Otamendi y Rodrigo de Paul creen que les trae suerte compartir habitación—, Lionel Messi debe dormir solo invariablemente, y al igual que en su momento los brasileños Ronaldo y Roberto Carlos, tiene la cábala de entrar a la cancha con el pie derecho.
El titán holandés Johan Cruyff creía que entrar al terreno de juego masticando chicle le daba mala suerte, por lo que debía escupirlo antes de poner un pie en el césped. El portero Thibaut Courtois acostumbra portar los mismos guantes con los que ganó el partido anterior.
El mediocampista italiano Gennaro Gatuso acostumbraba leer unos párrafos de “Crimen y castigo” o “Los hermanos Karamazov”, las novelas de Dostoievsky, antes de saltar a la cancha. En 2006, todos los días que duró el Mundial, cuya copa obtuvo Italia tras derrotar a Francia, usó el mismo suéter.
El Bam Bam, Iván Zamorano, estrella de la selección chilena, solía vendarse la muñeca derecha ya que el día que se lesionó, y tuvieron que vendarlo, marcó tres goles.
Al portero colombiano René Higuita le dijeron que lo habían embrujado y que para combatir el embrujo debía usar calzoncillos azules (la cábala le funcionó hasta octavos de final en Italia 90, cuando su selección fue eliminada… debido a un error suyo).
En el vestidor, el artillero alemán Mario Gomez usaba invariablemente el mingitorio situado más a la izquierda. El central inglés John Terry corría a ocupar siempre el mismo lugar en el autobús y de camino al estadio escuchaba invariablemente el mismo CD.
El mexicano Hugo Sánchez y el delantero británico Gary Lineker evitaban disparar al arco durante el calentamiento. Sánchez decía que era “para no gastar goles”.
El astro argentino Gabriel Batistuta, Batigol, apagaba las luces la víspera de los partidos y con los ojos cerrados “visualizaba” lo que iba a ocurrir en la cancha al día siguiente. El portero Sergio Goycochea orinó en la cancha porque no tuvo tiempo de ir al sanitario, y como su equipo ganó, volvió a orinar en el partido siguiente.
El técnico de la selección francesa, Raymond Domenech, consultaba el signo zodiacal de cada jugador para saber si era conveniente o no alinearlo.
Desde el dramático partido conocido como el Maracanazo, que en 1950 perdió frente a Uruguay por 2 a 1, la selección de Brasil dejó de usar el uniforme blanco que a partir de ese día se volvió de “mala suerte”: el diario Correio da Manhâ organizó un concurso para elegir nuevo uniforme: así surgió la icónica camiseta verdeamarela.
El portero Moacir Barbosa fue culpado de la derrota hasta el fin de sus días: de hecho, 43 años después, cuando fue a visitar a la selección que se preparaba para el Mundial de 1994, el técnico Mario Lobo Zagalo le negó la entrada, alegando que Moacir atraía la mala suerte. “La pena máxima en Brasil por un delito son 30 años —declaró Moacir —. Yo he cumplido condena durante toda mi vida”.
En Qatar, la cábala de los argentinos De Paul, Paredes y Papu Gómez consistía en comerse unos Sugus en el círculo central.
En Rusia 2018, Uruguay llevó un pedazo de césped del estadio Centenario, donde ganó por única vez la Copa del Mundo.
El técnico mexicano Ricardo Lavolpe usaba corbatas con dragones y se negaba a saludar al técnico rival antes del partido. Se cuenta que el Tata Martino besaba una medalla de la Virgen del Rosario que, antes de morir, le regaló su madre.
Desde 1970 se mantuvo vigente una cábala mundialista: ningún equipo que eliminara a México podía ganar la Copa del Mundo.
Le pasó a Italia en el 70, a Alemania en el 78, el 86 y el 98. A Bulgaria en el 94, a Estados Unidos en 2002, a Argentina en 2006 y 2010. A Holanda en 2014, a Brasil en 2018 y a Polonia en 2022.
Solo que, en ese último Mundial, Argentina hizo trizas todo aquello. Eliminó a México con goles de Messi y Enzo Fernández, y luego, en una de las finales más dramáticas que se recuerden, derrotó a Francia en penales.
Las cábalas son parte de esta locura, y estamos de nuevo en eso.

