La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, fue a Barcelona, España, a defender afuera lo que pisotea adentro: la democracia. Se juntó con un gobierno impresentable del Partido Socialista Obrero Español, que tiene en la cárcel a gente de su propio gabinete del presidente Pedro Sánchez, e incluso piden más de veinte años de prisión para su esposa Begoña Gómez, por corruptos. En ese estercolero fue a nadar el gobierno de México en su primera visita a Europa.
Pero el punto es que fue a defender la democracia, cuando aquí en México, en un proceso arbitrario, oscuro, de rebatingas de última hora, se decidieron la integración de tres consejeros del Instituto Nacional Electoral. Varios fieles a Morena y genuflexos se quedaron en la raya, no les cumplieron. El Partido del Trabajo, se movió; el Partido Verde Ecologista de México se calló, y en un proceso donde la mayoría oficialista cuidó más a Monreal que al INE, obtuvieron sus certificados de árbitros electorales, entre ellos uno que fue candidato perredista. Entre las que se quedaron fuera de último momento estuvo también una cercana de Samuel García, gobernador de Nuevo León, que por momentos hizo dudar a Movimiento Ciudadano de su voto.
Ganó Morena, y regresó el país a los tiempos antidemocráticos. A 1988 cuando Manuel Bartlett presidía el órgano electoral y se cayó el sistema de conteo de votos. Allí estuvieron tres mexicanos para defender el voto libre y la autoridad imparcial para contar los votos, la mayoría obradorista los apuñaló antier: Rosario Ibarra, Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Clouthier del Rincón. A ellos no los recordó la presidenta en Barcelona, España, en la España de la transición democrática.
México había logrado una transición democrática ejemplar. Se recreó y cuidó al pluralismo. Hubo alternancia de partidos en el poder. Los votos que se depositaron el mismo día y en la misma urna, y lo contaron los mismos funcionarios, eligieron a Felipe Calderón como presidente, y a Marcelo Ebrard, como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal. ¿Calderón se robó la Presidencia y Ebrard la ganó? ¡Al diablo con su doble rasero democrático!
Morena es democraticida. Como Victoriano Huerta asesinó a Francisco I. Madero, así pretenden fusilar al sufragio efectivo. No fiscalizarán el dinero de las campañas. El dinero público de la Secretaría del Bienestar, como se quejó el propio Marcelo Ebrard en la precampaña presidencial pasada, o el dinero del crimen metido en la política, como lo acredita la prensa libre.
Empezar a hacer fraudes electorales es sinónimo de debilidad, no de fortaleza, así empezó el fin del PRI, así estamos viendo el derrumbe de quien va a Barcelona a callar los gobiernos totalitarios y autoritarios de China, Cuba o Nicaragua.
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