Hoy, muchas personas me preguntan, como estratega, ¿es posible que Morena gane la elección de 2027?
Es una pregunta incorrecta. La pregunta correcta es: ¿qué vamos a hacer para que Morena pierda?
A menudo olvidamos que las elecciones las definimos los ciudadanos sin partido.
El gran problema de los mexicanos es que estamos instalados en la comodidad. Unos, porque aún no han sentido el fuego de la devastación. Otros, porque, estando en contra, sienten que es inútil hacer algo. Otros más, porque se instalaron en la conformidad del apoyo mensual.
Hay otro segmento más que, efectivamente, está convencido de que el oficialismo implica la ruta hacia un país más justo y recibe un lugar visible para sentirse incluido.
Pese a sus terribles defectos, Morena se funda en una idea poderosa: poner la vista en los excluidos, en los más necesitados. De ahí su nombre: el color de la piel de la mayoría que conecta con un símbolo fundacional de la mexicanidad —qué ironía, importado de la conquista—: la Virgen de Guadalupe. Su trinidad —demagógica— de no robar, no mentir y no traicionar es potente y seductora. Repite todo el tiempo su mantra de que una mayoría ha sido sojuzgada por un perverso pacto de élites: una mafia en el poder, hoy llamada neoliberal o ultraderecha.
Es una idea potente, pero tiene un problema: es falsa.
Quienes estamos convencidos de que el país se derrumba tenemos un dilema mayor: una idea no se muere repitiendo que es falsa. Muere sustituyéndola por una mejor.
Y aún no hemos encontrado ese camino hacia adelante. Subrayo dos temas. Primero, es un camino: mejor al que tenemos hoy. No basta con decirle a la gente que la ruta actual está destruida, es insostenible, es peligrosa. La pregunta por responder es ¿Cuál tomo entonces?
Segundo: tiene que ser hacia adelante. No hay marcha atrás ni vuelta en U. Volver al pasado no es admisible para la mayoría del electorado y no sólo eso: es repugnante.
Debemos ofrecer a la gente un nuevo espacio de vida y dignidad. Un futuro claro de renovación de la decencia y de refundación de la familia y el hogar. Un porvenir donde recuperemos la tranquilidad, la prosperidad y la felicidad.
En Alicia en el País de las Maravillas, Alicia pregunta al gato Cheshire:
—¿Qué camino tomo?
El gato revira:
—¿A dónde vas?
—No sé —confiesa Alicia.
Cheshire concluye:
—Entonces cualquiera es bueno.
Así estamos. Puede haber muchas opciones, pero la columna vertebral de nuestra oferta tiene que pasar por integrar a quienes se sienten excluidos, incluso por Morena y que, según los estudios, cada día son más. Por garantizar un país más justo que recupere la convivencia (vivir juntos) y la decencia. Y eso sólo se hace ensanchando la generosidad: educando, sanando, creciendo y repartiendo.
Bajo ese paraguas, todos debemos ser agentes del cambio.
Todos.
Salvar al país no depende de los partidos. Depende de nosotros.
Cuando fui estratega de la campaña presidencial de José Antonio Meade, un dirigente del sector privado me preguntó:
—¿Qué van a hacer para detener a López Obrador?
Mi respuesta fue la misma de arriba.
—Esa no es la pregunta. La pregunta es ¿qué vamos a hacer? Ustedes incluidos.
No me respondió.
Así nos fue.
De ti depende.
@fvazquezrig
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