La integridad de una sociedad se califica por el trato que da a los indefensos. Por eso es increíble que no haya habido una indignación nacional por el atropello que se hizo contra miles de pensionados.
Una pensión no es sólo un dinero mensual: es un seguro de dignidad.
Miles de familias quedaron en el desamparo al amputarles un derecho adquirido. Las pensiones no son una graciosa concesión del Estado: es el fruto de años de trabajo de una persona con un sólo objetivo: garantizar un poco de decoro en su vejez.
Es una previsión de futuro. Una que se construye a lo largo de la vida. Cuando el estado la rompe, quiebra el sentido mismo de una existencia y expropia la ilusión de terminar la vida con dignidad y sin zozobra.
Debido al desorden que ha privado en el manejo de las finanzas públicas —han endeudado a México en 11.2 billones de pesos—, el gobierno federal hoy trata de sacar dinero de donde pueda.
Así, se les ocurrió rebanar las pensiones de miles de trabajadores de confianza. No se tocó a sindicalizados. ¿Por qué? Por una razón electoral, que es la única que importa al nuevo sistema.
En una visión simplista y perversa, en donde se divide a los mexicanos entre buenos y malos: los trabajadores de confianza son detestables y los sindicalizados honorables.
Bajo esa teoría abusiva se optó por lastimar la vejez de aquellos trabajadores que planearon su futuro por lustros, trabajaron, se esmeraron, ahorraron, y hoy su futuro se les esfuma.
Es falso que la reforma se dirigió a las llamadas “pensiones doradas”. Algunas hubo, sin duda. Pero el recorte vino a trabajadores de confianza de todos los niveles. Conozco a muchos, gente honorable y decente, que, descorazonados, recibieron su cheque recortado el 15 de abril.
Para no perder la costumbre, se ideó el abuso de manera atropellada, torpe y populista. A machete, se estableció que ningún pensionado podrá ganar más de la mitad de lo que gana la jefa del ejecutivo. ¿Qué análisis serio se hizo para decidirlo? Ninguno. La presidenta recibe su salario íntegro. No tiene gastos. Su salud está garantizada. No paga transporte, vestido ni alimentación. No es el caso de los pensionados, que en muchos casos deben mantener a su pareja y algunos hasta hijos.
El ahorro no es una excusa. Según el gobierno, con esta amputación se ahorrarán 5 mil millones de pesos. El fraude del huachicol fiscal, costó 600 mil millones: 120 veces más. Con las pensiones hay miles de lastimados. Con el huachicol fiscal, todos impunes.
Pero, además, es un atropello. La medida se toma contra muchas personas de la tercera edad, que ya no pueden defenderse. Que no tienen ni la fuerza ni los recursos para enfrentarse al Estado. Que quedan en el desamparo ante un sistema de salud en ruinas. Se viola un derecho adquirido. Se impone retroactivamente la ley. Se impone cuando ya no es posible defenderse en los tribunales nacionales, cooptados por el oficialismo.
Simone de Beauvoir escribió en su monumental “La vejez” que ninguna persona debería aproximarse al final de su vida con las manos vacías y solitario. Eso era, alegaba, justo lo que ocurría en el mundo occidental.
Lo mismo hizo Morena: consumó el abandono. Del Estado. De la autoridad. De la integridad pública.
De Beauvoir escribió “La vejez” en un afán por romper lo que llamó “conspiración del silencio”. Al adulto mayor que se le quita su ahorro se le condena a la privación y al olvido. A la dictadura de la precariedad. Y, por supuesto, a la locura del despojo.
Aquí no debe haber conspiradores del silencio.
Al menos no yo.
@fvazquezrig
Únete a nuestro canal¡EL UNIVERSAL ya está en WhatsApp! Desde tu dispositivo móvil, entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

