Si la economía no crece, se sumarán dos bancarrotas adicionales a una que ya tiene el país.
Sufrimos ya bancarrota moral. Niños sicarios. Mujeres violentadas. Una epidemia de desaparecidos. Familias rotas. Drones con cabezas humanas. Alcaldes criminales. El sarampión de vuelta.
A esa descomposición, se sumará en breve, sino se hace nada —y no se hará— la quiebra económica. No anticipo un cataclismo, pero las presiones se acumulan.
En los 7 años del morenato, el crecimiento económico no ha llegado a un dígito anual en promedio. El ingreso per capita hoy es menor al del año 2018.
La inversión cayó y la deuda bruta se disparó, rozando el 56% del PIB: el porcentaje más alto en 7 lustros. El déficit no se controló y fue de 4.3% del PIB. Finalmente, la inflación tampoco logró domarse. Si continúa la tendencia de enero, los precios de los alimentos crecerán en un 21% este año, de acuerdo a la economista Gabriela Siller.
Este cocktail molotov tiene consecuencias reales en las mesas familiares. Enero, un mes donde generalmente se generan empleos (en diciembre se perdieron 320 mil), registró una pérdida de 8,104. Peor: los patrones registrados en el IMSS también registraron una disminución de 5,824. De noviembre del 2023 a la fecha, la pérdida del número de patrones ha sido de 54,427 según el IMSS.
Es cierto: ha subido el salario mínimo. El problema es que no se generan empleos suficientes —el año pasado fueron sólo 278 mil empleos (excluyo los formalizados de plataformas digitales)— y los que se generan son de baja calidad. Hoy el 39% de todo el empleo registrado en el IMSS gana 1 salario mínimo, contra solo el 15% en 2015. En contraste, quienes ganan de 3 a 5 salarios mínimos se redujo de 14 a 2%.
Las pensiones se comen casi el 26% del gasto programable. Los intereses de la deuda devoran otro 18% del presupuesto.
No hay mucho para dónde hacerse.
Hay dos soluciones: gastar menos o ganar más. No harán ninguna de las dos. Recortar el gasto pasa por tocar los programas sociales o a Pemex y CFE. No va a ocurrir. Ingresar más implica una reforma fiscal que cobre a los informales o tener un crecimiento económico potente. Tampoco va a ocurrir.
La tercera bancarrota vendrá, entonces, tarde o temprano, hacia adentro de Morena. Hoy ya se ven nubarrones por la disputa del poder. Pero tarde o temprano las otras dos crisis van a desgajar a su base electoral.
El crimen organizado se dedica ya a golpear a las familias. Ya no son los grandes capos de trasiego de droga. Hoy extorsionan. Prostituyen. Cobran piso. Las mafias ya no son un retrato lejano.
La escasez económica en las mesas de los hogares moverá el voto. Los programas sociales no podrán suplir eternamente la falta de empleo, de medicinas y de servicios. Una parte de la población, los adultos mayores, no tendrán de otra. El resto de la población, sí.
La cercanía y la repetición de discurso son útiles para llegar al poder. Son novedad en el gobierno, pero solo un tiempo.
Y esa moda se está acabando.
Hay que preparar el cambio de temporada.
@fvazquezrig

