Un elemento esencial en el desenvolvimiento de las sociedades es el cambio. Existen cambios de todo tipo: políticos, ideológicos, tecnológicos, económicos, jurídicos, por mencionar solo algunos; dentro de este turbulento choque permanente de fenómenos podemos encontrar diversos escenarios, algunos sumamente alentadores, otros neutros y, desafortunadamente, en otros momentos existen cambios sumamente decepcionantes y preocupantes.

Sin importar el momento en el que nos encontremos, hay ciertos elementos que permanecen y que ofrecen a la comunidad sostén y motivación; reductos que nos dan ánimo y esperanza.

El martes 3 de febrero, la Universidad Nacional Autónoma de México reinició las labores académicas. Ese día se abrieron sus puertas a cerca de medio millón de estudiantes; los laboratorios empezaron a funcionar; las bibliotecas se llenaron de lectores; los teatros, los museos y las salas de concierto se abarrotaron por jóvenes con un deseo absoluto por saberlo y aprenderlo todo.

Se trata de la institución educativa más importante del país, la que ha acompañado desde sus orígenes y hasta nuestros días no solo a las demás instituciones mexicanas por cuyos cargos han pasado múltiples de sus egresados, sino también, y quizá todavía más importante, a familias y generaciones de estas que han encontrado en la universidad un lugar común de convivencia y de reconocido prestigio.

A pesar de los altibajos económicos, políticos y sociales, ya sean nacionales o internacionales, la Universidad siempre ha fungido como un abrevadero intelectual; no solo se trata del conocimiento que transmiten sus docentes, sino también de la libertad con la que cuentan sus integrantes para crear nuevas corrientes de pensamiento. Quien egresa de la Universidad no solo se forma como profesionista; es, al mismo tiempo, una persona consciente de su rol como ciudadano, que comprende las repercusiones de su actuar y que busca en todo momento el mejoramiento de su país, así como la defensa de su alma mater.

El compromiso de la Universidad con la sociedad mexicana ha sido, es y seguirá siendo enorme; es un centro de renovación, de esperanza y de confianza en la juventud de México que el día de mañana trabajará en beneficio del país.

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