El día de hoy inicia el debate general del ochenta y un período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Jefes de Estado y líderes políticos, presentan sus posiciones frente a la realidad actual en el contexto de la semana de alto nivel de dicha Asamblea General. Este esfuerzo y la Cumbre de Davos son espacios privilegiados para tratar de comprender los retos de la humanidad en los próximos años.

En términos de la paz mundial, hoy los eventos relevantes son: La guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto entre Hezbollah, Gaza e Israel así como la intervención reciente de los Estados Unidos de América en Irán y sus implicaciones en el mundo árabe. Aún cuando estos acontecimientos son los principales, no borran otras tragedias como las hambrunas en Sudán, Somalia, Yemen y Palestina, entre otros, o Estados prácticamente fallidos como el caso de Haití. También resultan relevantes y merecedoras de especial atención las intervenciones de los Estados Unidos en Venezuela y Cuba. En efecto, el orden internacional para la paz y el desarrollo del mundo hoy se encuentra cuestionado desde diversas ópticas.

Tanto Estados Unidos como Rusia, han soslayado el poder de la Organización de las Naciones Unidas como el espacio idóneo para propiciar la seguridad y la paz mundial de la post guerra. No ignoramos que desde la Guerra Fría se estableció un mecanismo paralelo de enfrentamientos a través de terceros países para dirimir los conflictos de poder entre las grandes naciones. Si bien China no entró de lleno a este juego político, sí mantuvo su derecho a sostener su influencia frente a los países vecinos y especialmente frente a la cuestión de Taiwán.

En este escenario, la Unión Europea y países asiáticos como Japón hacen valer su condición como espacios históricos en los teatros de guerra. El largo proceso de construcción de la Unión Europea tiene como antecedente inmediato el trauma de la post guerra y la necesidad de construir la paz sobre el desarrollo económico y social de sus pueblos. En el horizonte, movimientos de extrema derecha e izquierda boicotean este proceso en base a argumentos identitarios. Hacen énfasis en los costos presentes y obvian los beneficios obtenidos en una apuesta histórica cada vez más temeraria.

En la actualidad las guerras de ocupación están resultando desastrosas e impopulares. En los Estados Unidos se lleva una contabilidad rigurosa de los combatientes caídos, de la baja en los inventarios armamentistas y el costo financiero de la guerra. Frente a un escenario de supervisión tal, se levanta la promesa de que las intervenciones militares son susceptibles de recuperar a partir de los vencidos, el costo económico que tienen para los vencedores. Esta lógica desnuda el carácter económico que tienen estas acciones bélicas y que nada tienen que ver con los casus belli que autorizan el uso de la fuerza militar frente a otros Estados. En este orden de ideas sólo las guerras ruinosas están proscritas.

En tiempos en los que la Inteligencia Artificial promete incrementar de manera notable el poder de los Estados y de las empresas para aumentar su eficiencia económica y su eficacia política, nos toca reflexionar si es posible retomar la noción de un mundo civilizado que pueda ser el destinatario de estos avances tecnológicos. Se habla de la Inteligencia Artificial como una analogía del armamento nuclear. Yo creo que esta metáfora es totalmente correcta. El efecto multiplicador de la Inteligencia Artificial es equivalente a la posibilidad catastrófica de las armas nucleares. En ambos casos, el carácter instrumental de estos procesos pone la responsabilidad en los usuarios. Si bien se habla del riesgo de la autonomía de los sistemas inteligentes, hoy por hoy están subordinados a la voluntad de sus programadores. Cualquier autonomía sólo puede ser relativa. Es importante recalcar este principio. Es elemental poner la responsabilidad de los daños potenciales en el ámbito de sus operadores.

El ser humano ha encontrado soluciones ingeniosas a los problemas de la humanidad. Hoy la revolución tecnológica en materia de alimentación, presenta alternativas novedosas frente al hambre. La innovación en materia médica cada vez presenta resultados más esperanzadores frente a las epidemias y las enfermedades incurables. Por último, el desvencijado orden internacional todavía presenta señales de fuerza como medio de cultivo para ensayar la paz mundial. Inclusive algunos avances recientes permiten adelantar de manera suficiente la ocurrencia de desastres naturales para mitigar sus daños, e inclusive aprovechar su fuerza.

Es necesario recuperar el optimismo inteligente y honrado para enfrentar a aquellos pesimistas que sólo promueven el cinismo y la pasividad. No se trata de ignorar los riesgos, sino de dimensionarlos y confrontarlos. Es momento de hablar en la comunidad internacional. De exigir responsabilidad a los liderazgos políticos y económicos del mundo. De nosotros depende que las ocurrencias de los frívolos y de los cínicos encuentren una respuesta constructiva de los ciudadanos del mundo. Aunque la buena fe parezca estar fuera de moda, ahora es más necesaria que nunca.

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