Es el grito tradicional con el que se inicia la porra de nuestra Universidad Nacional Autónoma de México. Su origen se le atribuye a Luis Rodríguez a quien se le identifica con el alias de “Palillo”, y se refiere a que con ese grito que correspondía al cine con ese nombre de “Goya” se invitaba a los alumnos a que se suspendieran las clases y se trasladaran al cine.

En la porra, se grita también “cachún, cachún” y eso era para significar que se iría al cine a “cachondear”, o sea disfrutar de caricias lúbricas, pero para no emplear ese término, para los años cuarenta era una expresión poco elegante, solo se decía “cachún”.

Pero no es mi idea hablar del origen de esa porra que los universitarios, a más de 80 años de haber nacido, la seguimos empleando, como expresión de alegría, entusiasmo, o incluso como grito de exhortación para animar e identificar el espíritu universitario.

El propósito de haber titulado así este artículo es con un fin diferente.

Muchos integrantes del Poder Ejecutivo Federal, comenzando por la Presidenta, tienen un origen en nuestra Universidad; lo mismo podemos decir de algunos ejecutivos locales, como legisladores y jueces tanto de la Federación, como de algunas entidades de la República.

Es para todos ellos, y para todas ellas, ahora que está de moda marcar esa diferencia por sexo, que dirijo estás líneas. Que independientemente del partido político al que pertenezcan, tengan presente a su Universidad en la que se formaron. Quienes hayan egresado de otras instituciones de educación superior, también recuerden en su actuar cotidiano los valores superiores con los que fueron formados.

Estas reflexiones que podrían resultar sin sentido, o incluso ociosas; aspiro por el bien de México a que sean atendidas en las tareas públicas de quienes tienen poder político en los tres niveles de gobierno, el municipal, estatal y federal. Que no se traicionen los principios progresistas en los que aprendieron y fueron formados.

Que exista veracidad y congruencia en las declaraciones y actuar de los servidores públicos, y sobre todo, respeto a lo que con mucho esfuerzo, pero también sangre, el pueblo ha construido a lo largo de nuestra historia. Es una invitación a un proceder de esa naturaleza, pero también como una llamada de atención por no haberse procedido siempre con la atención a principios democráticos, libertarios y de respeto a la ley.

Apareció un libro con la participación de brillantes universitarios que expresaron sus preocupaciones por la manera en la que estamos siendo gobernados, y la equívoca interpretación de las leyes para darle a Morena una mayoría no obtenida en las urnas para favorecer sus censurables propósitos políticos.

La obra a la que me refiero es “La inconstitucionalidad de la sobrerrepresentación excesiva en el Congreso de la Unión”. En la presentación de esta edición, realizada esta semana, se escucharon las voces preocupadas que marcaron que ante el panorama en el que nos encontramos, tenemos todavía la academia y la prensa para poder hacer sentir nuestro malestar y deseo que no se regrese, como parece que así se desea por quienes nos gobiernan, a la época de Santa Anna o de Porfirio Díaz. Confiemos que la reforma electoral no sea aprobada. Es el porvenir de México lo que esta en juego.

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