Es este el nombre de la niña que en la época romana, cuando era emperador Diocleciano, defendió el catolicismo y el gobernador de Barcino, ciudad en la que había nacido —y que es el origen de la actual Barcelona—, no logró convencerla de que abandonara la religión católica y fue entonces torturada y privada de la vida a los 13 años; con este nombre fue registrada una mexicana cuya trascendencia histórica debe tener un mayor reconocimiento.

Me refiero a la arqueóloga Eulalia Guzmán Barrón que nació hace 136 años, el 12 de febrero de 1890 en el estado de Zacatecas en San Pedro Piedra Gorda. Su familia se trasladó a la Ciudad de México, y estudió en la Escuela Nacional de Maestros, graduándose como profesora en esa Institución.

Desde que era estudiante inició actividades políticas. Junto con Hermila Galindo, que fue cercana colaboradora de Venustiano Carranza, fue fundadora de la agrupación “Admiradoras de Juárez”, que entre sus propósitos estaba lograr que las mujeres tuvieran el derecho de votar en las elecciones del país, aspiración que fue alcanzada muchos años después en el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines.

En 1919, se incorporó al “Grupo Anáhuac de AMORC”, en donde conoció y entabló amistad con Jesús Silva Herzog y Diego Rivera.

Se dedicó al ejercicio del magisterio como profesora de geografía en una escuela comercial. Posteriormente viajó a Estados Unidos para estudiar nuevos métodos de enseñanza. Sus viajes al extranjero le permitieron asistir al Primer Congreso Panamericano de Mujeres en Baltimore (1922) y al Segundo Congreso Internacional de Educación Moral y Enseñanza de la Historia en Ginebra. Posteriormente estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de México, donde junto con Rosario Castellanos y Amalia Castillo Ledón, formó un grupo cultural con mujeres universitarias. Su tesis para obtener el grado de maestra en Filosofía se tituló “Caracteres esenciales del arte antiguo de México”

Intervino en las exploraciones que se realizaban en Monte Albán; participó de manera destacada en el descubrimiento de la tumba 7 en Oaxaca. En 1934 se le nombró Jefa del Departamento de Arqueología del Museo Nacional. Con todos estos antecedentes, se dedicó a investigar la noticia que había surgido en Ixcateopan, en el estado de Guerrero, que ahí se encontraban los restos de Cuauhtémoc.

Fue así como en 1949, como resultado de las excavaciones que dirigió, se determinó que los restos óseos encontrados correspondían al cuerpo del último emperador azteca. Este descubrimiento fue cuestionado y se integraron distintas comisiones para determinar la autenticidad de esos restos encontrados en la Iglesia de Santa María de la Asunción. Entre quienes defendieron a Eulalia Guzmán estuvo Diego Rivera.

La realidad es que los pobladores de esa región aseguran que incluso existen documentos de esa época que confirman esa autenticidad. Sin embargo las celebraciones que se hacen en ese lugar por el gobierno han ido perdiendo cada año la relevancia que se les daba. Ahora que se ha insistido en la absurda petición a España, exigiéndole disculpas por la conquista, sería conveniente darle mayor importancia al descubrimiento de esta destacada mujer.

Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM

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