Tailandia es, sin duda, sinónimo de cultura, arte, gastronomía, playas con arena blanca y aguas cristalinas. Su biodiversidad es tan vasta como hermosa y, en conjunto, este país se erige como uno de los lugares más bellos del planeta.
El Consejo Mundial de Boxeo, de manera atinada, ha elegido un escenario mágico para su Convención Anual número 63: Un territorio donde dos deportes milenarios —el boxeo y el muay thai, el arte marcial de las ocho extremidades— se encontrarán, para celebrar sus raíces e historia.
Así es, “La Tierra de las Sonrisas” será sede de una convención que promete ser inolvidable y dejar recuerdos imborrables en todos los asistentes.
Mientras ustedes leen estas líneas, yo me encontraré surcando el cielo, seguramente a horas de llegar a mi primera escala: Seúl. Desde ahí, continuaré el viaje hasta aterrizar en la imponente Bangkok, ciudad que resguarda algunos de los templos budistas más hermosos.
En mi opinión, esta convención representa uno de los retos más importantes para el Consejo Mundial de Boxeo, especialmente en una época donde algunos buscan demeritar el valor de los cinturones. Para mí, esos fajines han marcado la historia misma del boxeo mundial. ¿Qué sería de un campeón sin su cinturón? Lo mismo que un monarca olímpico sin su medalla.
Más allá del reto de reafirmar su importancia, urge recordarle al mundo que el organismo verde y oro es mucho más que cinturones. Es diversificado, comprometido con causas nobles, altruistas y profundamente humanas. Para el Consejo Mundial de Boxeo, las peleadoras y peleadores no son un producto; son familia. Y, bajo el liderazgo de Mauricio Sulaimán, esa familia se cobija, se ayuda, se guía... Se abraza, dentro y fuera del ring.
Mientras vuelo, me embarga una emoción incontenible por llegar a Bangkok y reencontrarme con esos amigos que ves cada año en esta reunión boxística. Ya añoro esas charlas interminables sobre pugilismo y sobre cómo aportar, aunque sea un poco, para que nuestro deporte sea mejor día con día.
En esta magna Convención número 63, se amalgamarán el boxeo y el muay thai, que es uno de los pilares culturales más profundos de Tailandia. Sus técnicas, rituales y ceremonias forman parte del tejido social del país.
En cada gimnasio, desde Bangkok hasta Chiang Mai, se respiran disciplina, respeto y tradición, elementos que dialogan de manera natural con la esencia del boxeo.
Sin embargo, más allá de este histórico momento, deseo volver más unido con mis hermanos del boxeo... Y con un pugilismo mejor en todos los sentidos.
Los abrazo (no sé desde qué punto exacto del cielo), pero con la certeza de que es un abrazo de altura y camaradería.
Ya les contaré más sobre Tailandia y sobre esta convención que, sin duda, promete ser legendaria.
@ErnestoAmador







