Llevo varios días preguntándome que sería de mi sin televisión, ese aparato tan antiguo, con mala fama y que además dicen va de caída, habiendo otras plataformas de entretenimiento e información útil e inútil a mi alcance a través de mi laptop y mi teléfono. La tele y yo siempre hemos tenido una relación muy estrecha. Yo crecí con la tele. Los Archies. La familia Patridge, El túnel del tiempo. Sábados de La pantera rosa. Fui del Club de los millonarios en canal 8. Pero en mi familia había reglas en cuanto a horario y contenido que aún respeto, por ejemplo, no prender la pantalla antes de las 7p.m. ¿Por qué hago esto? Por disciplina, de otra manera pasaría la mitad de mi noche echada en el sofá, control remoto al alcance de mi mano. Lo anterior viene al caso porque me mudo. El departamento donde estoy viviendo tiene una gran televisión de esas planas que pueden configurarse a Netflix, YouTube o lo que sea necesario. El departamento nuevo no tiene televisión, y yo no estoy configurada a nada, ¿qué voy a hacer?
Al mismo tiempo, debo confesar que hasta el más reciente confinamiento aquí en Valencia, rara vez prendía el aparato. Con la ciudad dormida a partir de las 6 de la tarde y sin poder salir, me ví forzada a explorar las opciones televisivas a mi alcance. Al principio fue frustrante: dos canales de futbol, dos de series infantiles, dos locales (en Valenciano) y uno más donde se daba misa. Perseverancia y algo de paciencia me llevaron a descubrir más canales, entre los cuales destacan dos que dedican toda su programación a series policíacas y similares americanas y europeas, aunque no necesariamente sus más recientes temporadas. Toda una oportunidad para volver a ver a mis personajes favoritos y ponerme al tanto de sus vidas después de una larguísima ausencia. Por fin me entere del origen de Noah, hijo adoptivo de Olivia Benson, del como llego a ser capitana de la Unidad de Victimas especiales . Hetty de NCIS LA, a quien conocía muy poco, es un fascinante y la química entre el equipo parece real. Son series y personajes que se han vuelto clásicos de nuestro tiempo como algún día lo fueron los Westerns en donde todos traen pistola y tiran a matar. También hay bajas, romances, casos perdidos. Pero a final de cuentas una historia de buenos contra malos con principio y fin, que enmarca la vida de los personajes, sus creencias, sus conflictos y, se repite cada semana. La tele y yo siempre podemos dejar de vernos por años y al reencontrarnos retomamos donde nos quedamos. No hay reproches.
No soy de esas personas que usan la tele como dama de compañía desayunando, comiendo y cenando con ella. A veces pongo los noticieros como ruido de fondo, pero me distraen y no para bien. He oído que para mi generación ver la tele significa todo un compromiso de los sentidos al igual que escuchar música. Si a mí me dicen que escuche una canción hago precisamente eso y pongo toda mi concentración en ello; si voy a ver una serie le daré toda mi atención, tendré personajes favoritos y me involucrare en sus vidas y filosofía, aunque no siempre estemos de acuerdo. Series. A mí denme series de policías e investigadores con malos no tan malos y buenos que no siempre lo son. Dilemas morales, éticos, decisiones de todos los días.
Habrá tele en el nuevo hogar. Sin extras. La gloria de la pantalla chica en todo su esplendor. Ya veremos después.