Una buena noticia que me emociona, tranquiliza y me llena de esperanza: Ya viene el año nuevo chino, el bueno, el de los doce animales y todos los elementos. Este año llegará el viernes 12 con toda la energía del calendario lunar y el buen augurio del Buey o Búfalo, como prefieran. El segundo animal del zodiaco chino, después de la rata, es trabajador, honesto, talentoso, pero no busca halagos ni ser el centro de atención. El año promete estabilidad y sustento para el alma. Justo lo que necesita el mundo. Por alguna razón subconsciente le tengo más fe al año nuevo chino que al romano, y por lo mismo sigo consejos milenarios para recibir la fecha como se debe, y mantener los más lejos posible a los espíritus malignos y la mala vibra.
Las reglas básicas son muy sencillas. El chiste está en sacar todo lo malo antes de la fecha para que el día esperado traiga sus bondades y se queden el resto del año. Hay que vestir la casa y vestirse de rojo, el color de buena suerte por excelencia; también es recomendable colgar letreros dorados con lemas como “Salud y prosperidad” afuera de las puertas. No es recomendable lavarse el pelo por lo menos durante 24 horas, ni barrer o limpiar a partir del día 12 y por cinco días. Si la fiesta es en familia, se sirven dumplings de desayuno, comida y cena; si el festejo es digamos, corporativo, entonces leones gigantes bailan al compás del tambor y el gong. Y lo mejor de todo los Li Xi, sobres rojos con dinero de distintas denominaciones que reciben los invitados. Eso sí, la suma total no debe tener ningún cuatro por ser considerado de mala suerte.
En China, Hong Kong, Singapur, Japón, Vietnam y otros países asiáticos es la fecha más importante del calendario y el buey en particular es una figura venerada. Hasta hace un par de años, los fuegos artificiales en Hong Kong desplegaban un colorido increíble en el cielo, que, además, se reflejaba como espejo en el mar entre Kowloon y la Isla. Qué tiempos aquellos. Dulces de jengibre y monedas de chocolate, figurines y peluches alusivos por todos lados, incienso en los templos. Aires de esperanza. Es también la época en que la mayoría de la población deja las ciudades para visitar a la familia en regiones lejanas.
En Hong Kong, los festejos de año nuevo son recibidos a regañadientes -aunque siempre con sonrisas y palabras amables- ya que tanto turista enloquece a los locales por lo que éstos, a su vez, huyen del territorio a lugares “más tranquilos”. Pero nunca falta. Un año decidí pasar las fiestas en Vietnam acompañada de familiares y amigos.
Visitamos Hanoi, Ho Chi Min y, pasamos la noche en medio de la bahía de Ha Long. Un viaje fenomenal en el cual pude apreciar el otro lado de la guerra de Vietnam y el costo que hasta ahora siguen pagando. Muy impresionante. Pero lo más increíble fue que en cualquier ciudad, pueblo, restaurant o establecimiento público una sola canción tocaba en altavoces sin parar: Happy New Year, de Abba. No me pregunten, no tengo ni idea del por qué.
Este año me iré a celebrar a la calle de Pelayo donde está la mayor concentración de tiendas, restaurantes y personal chino de Valencia. No sé si habrá lanternas de papel, o bailarán los leones, pero sí que será una ocasión para celebrar al Buey y, olvidar al güey. En CDMX, el Barrio Chino ha existido por más de 100 años ocupando dos cuadras de la calle de Dolores y aunque las reseñas son muy variadas valdría la pena darse una vuelta. Con mascarilla. Evitando masas. Suerte.