El 19 de marzo presente lo tengo yo, la universidad de Guanajuato que tiene su primer rectora, la doctora Claudia Susana Gómez López, distinguió con el Premio Jorge Ibargüengoitia al género negro, a ese género literario vilipendiado por muchos críticos pero que tuvo lectoras y lectores suficientes para sobrevivir. Por supuesto que hubo un nombre para recibir el Premio, Élmer Mendoza, uno de los renovadores de la forma, según el acta del jurado y algunas estudiosas que reconocen un nuevo aliento en las novelas del Zurdo Mendieta, un detective lleno de conflictos pero con un instinto policiaco que consigue salir adelante cuando parece que jamás saldrá de ese hoyo sin fondo que es la vida de un policía.

Agradezco también a la doctora Elba Sánchez Rolón que me dio la noticia, a Adriana Sámano que se encargó del papeleo y del jurado que me hizo la distinción, a Daniel Ayala, que me invitó a hacer un curso de fomento a la lectura. Qué cosas tiene la vida. Escribir no es fácil. Por eso me llena de orgullo que una universidad con gran prestigio académico con casi 300 años de fundada me invite a recibir un premio con el nombre de uno de los autores más creativos de México, un autor crítico, que no temía tratar cualquier tema. Un escritor que señaló las debilidades de la sociedad de su tiempo sin importarle que cuando encontraba a alguien en la calle, cambiaran de acera.

Me contaron cosas de don Jorge Ibargüengoitia, por ejemplo que una estudiosa francesa sostiene que todas sus novelas mantienen un grado de negritud decidido, puesto que tratan delitos de muchos tipos. Un crítico trabaja ahora mismo sobre la relación del maestro con la nota roja. Como ustedes saben, hasta Flaubert leyó una noticia de la que nació Madame Bovary. De manera qué ahí estaba yo la mañana del 19 en una ceremonia, dentro de la Feria del Libro de la universidad, en una sala colmada, escuchando palabras bonitas sobre el Zurdo Mendieta, Yorch Macías, Gris Toledo, David Valenzuela y sobre La sirena y el jubilado. Gran formalidad. Han de saber que Leonor me compró una corbata nueva que lucí con pundonor. Fue una ceremonia linda. Canté cuatro palabras de “Un mundo raro”, de José Alfredo, y los presentes respondieron alegres con otras cuatro, por aquellos de los cuatro caminos del gran compositor mexicano.

Guanajuato es una ciudad que cabe en un corazón, veneran a Don Quijote y odian las calles planas. Todos pueden tener una historia en Guanajuato como los periodistas que me entrevistaron y confesaron leer mis columnas en EL UNIVERSAL. Así que saludos. Lo mismo a los sinaloenses que han sentido este premio como suyo y le han creado un lugar en sus pensamientos. Cuando vayan a Guanajuato pongan flores en su pelo, lean a Ibargüengoitia y disfruten el Parra Tour, que les indica dónde están los lugares donde la imaginación lo es todo. Leonor se calzó unos tenis y se animó. Regresó llena de flores y feliz por los descubrimientos. Después recorrimos algunos túneles y visitamos el callejón donde todo puede pasar. El premio Ibargüengoitia me ha dado tantos ánimos que ciertos proyectos que dormían han renacido y estoy escribiendo como me gusta, sin prisa pero sin pausa. Con la seguridad de que cada página que termino, es solo una parte de la página que quedará al final. Queridas lectoras y queridos lectores, gracias por aceptar estos deslices que espero no los fastidien. ¿Saben? Leer de nuevo a Ibargüengoitia es una gran idea. Adelante.

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