Ni más ni menos. Así de sencillo y complicadísimo es el nuevo paradigma al que se enfrentan los candidatos aspirantes a ser elegidos como personas juzgadoras en las diferentes ramas del derecho y, por supuesto, de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la llamada elección judicial del próximo junio.
Más allá de las denuncias de intervencionismo o las campañas anticipadas de vari@s candidat@s, las reglas, condiciones y contexto de este proceso son inéditas, con lo cual los retos, estrategias, modelos de comunicación y metodología electoral tradicionales no se asemejan en nada a las elecciones de 2018 o 2021, por poner sólo dos ejemplos.
Y si a esto sumamos los cambios discursivos, tecnológicos, políticos y generacionales (en el electorado) que se viven, veremos que nos encontramos ante una elección darwiniana: solo los que sepan adaptarse con rapidez podrán sobrevivir.
Ese es el complejo escenario que los candidatos a puestos de elección en el poder judicial deberán enfrentar este próximo junio. Inédito, viciado e incierto y por tanto lleno de retos, obstáculos, imprevisto y oportunidades totalmente novedoso.
La historia de las elecciones “tradicionales” nos arroja una serie de ejemplos la selección natural por falta de comprensión o soberbia: Nixon y su imagen de maleante en uno de los primeros debates presidenciales televisados, AMLO en 2006 saboteando su propia campaña con un discurso soberbio que le restó votos hasta perder por una nariz a consecuencia de su negativa a cambiar estrategia y discurso, la casta política argentina que tiraban de a loco a Milei y su motosierra sin entender el hartazgo de su gente, Trump que rebasó por la derecha el discurso woke-radical-políticamente-correcto por la soberbia de creer que más educación académica es igual a más conocimiento del pueblo, son los que se me vienen a la mente.
Entonces, ¿cómo una candidata o candidato de esta elección puede hacer llegar sus ideas, capacidad y carrera al electorado?, ¿entienden los y las aspirantes los cambios particulares en las reglas para el financiamiento de sus campañas con respecto a las que siempre hemos visto en elecciones tradicionales?, ¿cómo defenderse de las inequidades realizadas o patrocinadas a otr@s candidat@s que han hecho campaña antes de lo permitido o que ya se presentan arropados en nombres poderosos con videos de gran producción?, ¿las agencias y personas que buscan ayudarlos conocen y tiene experiencia en temas electorales o solo en marketing y redes sociales en general?
Estas preguntas son solo la punta del iceberg de ser candidato en esta elección y deben ser respondidas con toda celeridad por aquellos que quieran ganar en las urnas de esta elección sui generis.
La primera recomendación es que toda persona aspirante de esta elección deberá tomar una buena dosis de pragmatismo. No me malinterpreten, nos puede gustar o no este proceso electoral, podemos pensar que es un paso más en la consolidación de la nueva hegemonía autoritaria o cualquier variante de crítica moral sobre el nuevo régimen pero, la verdad, es que esta elección es un hecho y aquellos que participen deben entender sus reglas y buscar las ventajas que puedan encontrar en este escenario, preferentemente sin violentar ninguna disposición legal aplicable.
Sumado a esto, se debe entender que la elección se encuentra dividida en dos grupos: aquellos arropados por el poder y el aparato partido-estado que gobierna nuestro país actualmente y aquellos que van por la libre. Si se es de la segunda categoría no hay que caer en el error, como ya ha ocurrido, de que con tiktoks bailando o haciendo cosas “divertidas” se puede ganar la elección.
Por desgracia, muchos de los “expertos” que han sido contratados por las personas que aparecerán en las boletas de junio son avezados constructores de influencers o promocionar personalidades con estos métodos huecos, con lo que la calidad de la elección se reducirá enormemente y se deja a un lado la experiencia, competencia y preparación de aquellos que impartirán justicia.
Otro aspecto esencial es que las campañas deben entender que el modelo de comunicación clásico de una elección – es decir posicionamiento, propuestas, contraste de candidatos y llamado a la acción- ha quedado superado.
Este modelo se ha probado eficaz dentro de una elección tradicional, dentro de una contienda de partidos con presupuestos y leyes muy específicas que tiene muchos antecedentes prácticos y legales y con un presupuesto mucho más amplio del que se cuenta en 2025.
Aquellos que aspiran a la toga deberán, ante todo innovar en la forma en que le hablan a la ciudadanía. En lugar de usar el lenguaje jurídico deberán tratar de conectar con las personas de a pie que se encuentra poderosamente influidas por un contexto politizado, el cual envuelve a una elección politizada.
En segundo término, las campañas y la comunicación que emprendan deberán ser de guerrilla. No existirán los largos períodos de campaña de los que gozan los candidatos a diputados, presidentes municipales, gobernadores o para la presidencia. La eficacia comunicativa y el conocimiento de la audiencia primarán al momento de la campaña.
Otro aspecto importante es asegurar que aquellos que apoyen sus campañas sean, al mismo tiempo, expertos en comunicación y en regulaciones electorales. Lo anterior porque se ha mostrado un creciente uso del lawfare para intentar arrebatar triunfos a candidaturas incómodas o que no pertenecen al grupo en el poder, Alessandra Rojo de la Vega por ejemplo, para favorecer a candidatos afines, como Caty Monreal.
En tercer lugar, una obviedad. Se deberán mantener dentro del marco legal marcado para esta elección y conocer precedentes para no ser derrotados por su propia novatez en una elección que, como ya hemos señalado, es inédita en nuestra historia.
Los juzgadores y juzgadoras de México están acostumbrados a pensar que sus sentencias y decisiones judiciales hablan por ellos. Con esto se aspiraba a no ser arrastrados al remolino de la política ejercida bajo el ojo revisor del votante.
Ahora, ni sus sentencias, jurisprudencias o análisis jurídicos estarán bajo análisis en la gran mayoría de los casos. La arena en la que se muevan será parecida a la casa de los famosos, con cámaras y espectadores escrutando cada una de sus acciones, 24 horas del día y un ejército de trols pagados por el gobierno tratando de desprestigiar a quién no provenga de las filas del movimiento.
Aquellos que traten de hacer una campaña par a, digamos, la presidencia municipal de Naucalpan, se encontrarán con el obstáculo de la imposibilidad de prometer obras o tarjetas, mucho menos políticas sociales clientelares, tan del gusto del actual régimen.
El aspirante a juzgador deberá entrar en tierra incógnita y aventurarse a hacer lo que casi nunca se les pidió en el pasado: salir de una oficina amurallada y hablar con la gente de lo que les adolece ya sean victimas de abusos desde el poder, de la delincuencia organizada o común y de los poderes fácticos. No va a estar sencillo y los ejemplos de la candidata sexy, la justita, el chicharronero y demás ejemplos nefastos y ridículos que han salido ala superficie en estas primeras horas de la campaña, lo demuestran.
@HigueraB
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