Un evidente talón de Aquiles de la reforma judicial fue el proceso de evaluación aplicado para verificar la idoneidad de los aspirantes. Para corregir este defecto, las modificaciones a la Constitución publicadas el martes pasado constituyen un avance considerable, aunque muestran todavía puntos que deben revisarse.

Para reforzar el método de evaluación y selección de los candidatos se crea una comisión que dé uniformidad a las tareas de los comités de evaluación instaurados en cada uno de los 3 Poderes, al tiempo que se prevé la definición de una metodología única y la aplicación de exámenes de conocimientos a los aspirantes. Esta solución se prefirió sobre el método basado en la certificación otorgada por la Escuela de Formación Judicial y la exigencia de varios años de experiencia en la función judicial, que fue propuesto por diputados del partido gobernante y que durante la discusión legislativa dio lugar a un abrupto enfrentamiento entre los promotores de la misma y sus propios compañeros de bancada. Esa iniciativa es apreciable y recoge el punto de vista de buena parte de la comunidad jurídica, pero tiene la debilidad de que apunta a un fortalecimiento de los procesos endogámicos en el Poder Judicial. Concentrar todo el poder de selección en un solo filtro, tanto para la integración de los comités de evaluación como para las candidaturas, tiene el riesgo de que se escoja a los candidatos con base en una ideología estrictamente judicialista.

Originalmente la propuesta me parecía muy razonable, pero cambié de opinión después de compartir una mesa con varios colegas profesores, en la que se encontraban tres que ganaron elecciones para puestos judiciales sin haber tenido experiencia en la judicatura. A ellos los conozco muy bien y me consta su capacidad y preparación. Los 3 se pronunciaban por mantener un método de evaluación más abierto, que dé oportunidad a juristas con criterio más amplio que aquel que se genera en el seno de los órganos jurisdiccionales.

En paralelo a las buenas experiencias, hay otras que han generado desconfianza en torno a los nuevos juzgadores, particularmente porque se han potenciado los ejemplos de mala práctica. Para combatir esta falla, la nueva reforma genera un sistema permanente de preparación y actualización. Obviamente, este no es el escenario óptimo, pero por lo menos se reconoce la necesidad de aplicarlo en tanto se consigue que desde la selección inicial se acredite la plena idoneidad.

La insaculación para depurar la lista de los mejor evaluados dejando que la suerte decida los dos que aparecerán en la boleta, es inconsistente con la idea de que predomine la preparación, pues el azar puede hacer que de los cuatro mejor evaluados, los dos que lograron las puntuaciones más altas queden fuera. La insaculación solo se justifica para elegir entre quienes obtienen calificaciones iguales.

Investigador de El Colegio de Veracruz y Magistrado en Retiro. @DEduardoAndrade ORCID 0009-0002-4714-7408

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