Las organizaciones a favor del medio ambiente, pasando por la sociedad civil, comunidades originarias, académicos y Organizaciones No Gubernamentales, entre otras, se anotaron un triunfo esta semana con el no otorgamiento de un importante complejo turístico que se construiría en un lugar donde abundan los manglares en el Estado de Quintana Roo. En este episodio gana el medio ambiente, ¿pierde la economía? ¿Se dejan de generar empleos?

Afortunadamente el concepto de desarrollo ha venido evolucionando en el mundo. Durante algún tiempo se consideraba únicamente al crecimiento económico como su principal indicador. No es para menos, implica creación de empleos, con esto una potencial reducción de la pobreza a través de una mayor demanda de trabajo que tiende a elevar los sueldos. Adicionalmente genera impuestos, por lo tanto, hay razones para considerar al crecimiento económico como el principal indicador de desarrollo.

No lo es todo. En no pocas ocasiones el crecimiento económico viene acompañado de condiciones laborales inadecuadas y de bajos salarios. Es decir, el ideal del libre mercado de traer mejoras que se derraman a población y gobiernos no siempre ha ocurrido. Ganancias a empresas sí, pero no necesariamente a la sociedad. Por ello este indicador no es suficiente.

El impacto social, la creación de empleos decentes, el respeto a las comunidades originarias, entre otros aspectos, es considerado ahora como parte fundamental del desarrollo. Desde las Naciones Unidas se habla del respeto a las comunidades originarias y a su derecho a decir No a proyectos que podrían traer desarrollo económico. La negativa podría ser por creencias de la comunidad o por respeto al medio ambiente. Esto nos lleva a otro pilar del desarrollo: el ambiental.

La sostenibilidad, por definición, implica que lo sostenible no se acaba. Es decir, se crean condiciones para que siga funcionando y operando a la vez que se permite la extracción o producción de bienes o servicios. La adecuada explotación maderera de los bosques y selvas es buen ejemplo: si se siembran árboles a la vez que se retiran, la naturaleza hace su trabajo y el ecosistema no se degrada. Lo mismo ocurre con los cuerpos de agua: si se extrae en la misma medida que se regenera naturalmente, la extracción es sostenible.

Lo económico, lo social y lo ambiental en ocasiones se contraponen uno a otro. Alguna comunidad originaria, por poner un ejemplo, podría oponerse al desarrollo de algún complejo, de cualquier naturaleza, por creencias que algunos podemos pensar que son místicas o mágicas. Nos guste o no, tienen derecho a oponerse. Esta es una clara contraposición entre lo económico y lo social.

En materia ambiental el conflicto es más bien de corto contra largo plazo. En lo inmediato puede haber mejoría económica al realizar alguna obra que, si bien genera empleo, también degrada a la naturaleza. Pero conforme pasa el tiempo, el impacto a la naturaleza puede ser fatal. A largo plazo, la degradación ambiental puede ser tal que incluso pueda poner en riesgo la existencia humana. De hecho, ya está ocurriendo. El calentamiento global es una realidad y es un claro ejemplo de cómo la degradación ambiental, consecuencia de la explotación económica, pone en riesgo la existencia misma de la humanidad.

El crecimiento económico, mejores sueldos y, en general, mejores condiciones de vida no deben darse a costa de lo que sea. Para que el desarrollo sea sostenible, es indispensable que en el mediano y largo plazos el medio ambiente se conserve. Por lo tanto, puedo menos que celebrar la decisión tomada por la Semarnat, aunque ello sea en detrimento de lo económico. Tendremos que buscar alternativas que nos permitan crecer y conservar.

Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM

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