Dos décadas de experiencia docente me han permitido saber de primera el nivel académico con que los estudiantes ingresan a la universidad. Las habilidades tecnológicas con que llegan son cada vez mayores. No sólo en computadoras y laptops, sino cada vez más en dispositivos de menor tamaño como tabletas y celulares. Pueden realizar diversas actividades en cuestión de minutos, que los estudiantes de hace treinta o cuarenta años habrían realizado en horas o tal vez días. Pero hay un problema muy grave: están dejando de utilizar las habilidades cognitivas como memoria y creatividad, así como cada vez se utilizan las manos para realizar actividades académicas.

Hace casi veinte años comencé a dar clases a nivel licenciatura. Me percaté de que los alumnos de nuevo ingreso no tenían habilidades aritméticas básicas. Es más: un simple problema de operación con fracciones era casi imposible de resolver. El problema era menor si se permitía el uso de calculadora, si no, era toda una tragedia.

La tecnología digital evolucionó para permitir transitar de la elaboración de textos a imágenes y de ahí a videos. Durante algunos años el problema era realizar dichas actividades con el apoyo de dispositivos electrónicos, pero con el diseño y creatividad del estudiante. La irrupción de la Inteligencia Artificial ha provocado que los resultados sean más rápidos y mejores diseños, pero con menor intervención de las actividades cognitivas de los estudiantes en la elaboración de tales materiales.

En mis tiempos de estudiante circulaban algunos resúmenes de libros y artículos que debíamos leer. Eran productos de “marca libre”, sin autor reconocido y que, en muchas ocasiones, ayudaban a entender en pocas palabras el contenido del material estudiado. Pero era material de muy corto plazo. Tal vez para acreditar el examen, pero no para aprender y mucho menos comprender. La lectura de primera mano es fundamental y, después de ello, elaborar síntesis o resumen del material estudiado. Hoy ocurre lo mismo, pero el resumen se realiza al instante a través de la IA. El gran problema es que estamos perdiendo tanto la habilidad lectora como la capacidad de redactar nuestros propios documentos.

En otras áreas, como programación o elaboración de software a la medida, la IA definitivamente implica la reducción de muchos pasos, lo que implica menor tiempo. La pregunta es si el programador sabe lo que se está haciendo. En cualquier proceso operativo es muy probable que el personal a cargo de un proceso conozca sólo su parte y tenga alguna idea de lo que ocurre antes o después; en esos términos no hay tanta diferencia con respecto a lo que hacen los programadores, el problema del uso de la IA es que podemos desconocer incluso la parte del proceso que nos toca a nosotros.

La tecnología está avanzando a pasos tan agigantados que es necesario correr cada vez más rápido para permanecer en el mismo lugar. Las nuevas generaciones traen habilidades de programación y cómputo que las generaciones más viejas no tenemos. El tiempo nos alcanzó y llegamos rápidamente a una situación de analfabetismo tecnológico a pesar de utilizar todos los días celulares y computadoras. Esto que ya nos pasa a muchos, les pasará también a las generaciones que vienen detrás: lo que hoy es novedad, mañana habrá pasado de moda, por lo que la actualización constante será una necesidad apremiante.

Estar a la vanguardia tecnológica es en extremo difícil. Lo que hoy es novedad en poco tiempo será pieza para museo, y esto pasa con mayor rapidez conforme evoluciona la tecnología. En dicho contexto es difícil saber qué se puede hacer para mantenernos vigentes. La actualización es ahora una apremiante necesidad. De lo que estoy convencido es que, a pesar del despliegue tecnológico que estamos observado, en definitiva, es necesario seguir utilizando nuestro cerebro y nuestras manos en los procesos cognitivos ordinarios. No hacerlo así, provocará que pronto el esclavo, es decir la IA, se convierta en el amo.

Docente en Economía, FES-Aragón-UNAM

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