El debate arqueológico público y entre pares finalmente se dio hace unos días en el Museo Nacional de Antropología. El asunto central concreto y en síntesis fue el patrimonio arqueológico afectado por las obras del Tren Maya en Campeche y Quintana Roo. En las mesas académicas participó la crema y nata de los directivos de diversas áreas del INAH que trataron de justificar los trabajos de salvamento y reubicación del patrimonio arqueológico. ¿Lo lograron? No, a decir de sus pares arqueólogos que ahí mismo y a posteriori han manifestado sus opiniones sobre lo dicho. La voz del crítico arqueólogo Sergio Gómez es quizá el caso más significativo. El responsable del mundialmente famoso Proyecto Tlalocan en Teotihuacán se apersonó en el Museo de Antropología y frente a sus colegas explicó con evidencias sus denuncias sobre la destrucción del patrimonio arqueológico y cuestionó puntualmente sobre criterios y toma de decisiones tanto metodológicas, técnicas como administrativas. La mayoría de sus fundamentales preguntas quedaron sin respuestas… Por ejemplo, ¿por qué la presidenta del Consejo de Arquelogía respondió por escrito que no tenía información ni documentación sobre los trabajos en los llamados “parques de la memoria”? ¿Dónde está el permiso por escrito del Consejo de Restauración del INAH para permitir que militares asumieran las labores de personal especializado en restauración? ¿Por qué antropólogos físicos y sociales y restauradores estuvieron encargados de trabajos arqueológicos cuando la normativa lo impide…? Hay que reconocer la contención mostrada de los arqueólogos para discutir sobre estos espinosos asuntos. El prietito en el arroz fue el director de INAH que de última hora fue incluido en la mesa (los primeros carteles conocidos no lo consideraban). En efecto, don Diego Prieto se abrió espacio para hablar de “Los compromisos antropológicos de la arqueología en procesos de salvamento”, pero su ponencia debió titularse más bien “los compromisos políticos de la arqueología en procesos de salvamento”. Fue el único participante que levantó el tono de voz y expuso ante el auditorio una teoría sospechosista”: alertó sobre el “juego político y politiquero” de medios adversos que, según él, quieren utilizar a los arqueólogos para “golpear al INAH” y “para golpear al gobierno”. Entonces, poseído por el espíritu de Jesús Ramírez y convertido en el Lord Molécula de la sesión, se lanzó con todo contra EL UNIVERSAL. Gritó: hay una línea editorial de EL UNIVERSAL con intereses “antigobiernistas y políticos...” Es decir, el reaparecido camarada Diego Prieto convirtió la mesa académica en un mitin del Movimiento… Uf, qué pena ajena. Sin embargo, para nada nos extraña si recordamos que el 2 de febrero de 2024, en un acto solemne del INAH, institución educativa y cultural del Estado mexicano, gritó a viva voz: “¡Viva la Transformación!” Pero nosotros, esta apartidista sección que sólo hace su trabajo, que es el periodismo, no perdemos el foco de la atención en el tema principal ante censores oficialistas, e insistimos: ¿para cuándo las respuestas al arqueólogo Sergio Gómez? Seguiremos informando… (Escríbanos a columnacrimenycastigo@gmail.com)

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