Las negociaciones comerciales tienen una liturgia propia: delegaciones que exageran sus demandas iniciales mientras se reservan sus irreductibles hasta el último minuto; sutilezas técnicas que pueden convertirse en un auténtico campo de batalla; acuerdos que deben más a simpatías personales –o al cansancio acumulado– que a los argumentos o a la estrategia.
En su dinámica interna, las conversaciones inauguradas en Washington este miércoles no serán muy distintas de las que emprendieron nuestros equipos negociadores en 2017 o en 1991. Lo que será distinto es prácticamente todo lo demás.
Hace tres décadas, el gobierno mexicano adoptó a la mariposa monarca como símbolo de la integración regional. Era una imagen poderosa, casi romántica, que representó la aspiración de tres economías comprometidas a funcionar como una misma. El logo del primer Mundial de la FIFA organizado en conjunto por los tres países no incluye referencia alguna a ninguno de ellos, mucho menos a nuestra región.
El acuerdo original se denominó Tratado de Libre Comercio de América del Norte; el pacto vigente desde 2020 es el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Un matiz semántico que refleja una diferencia de fondo. El concepto de América del Norte como una región con identidad compartida, con principios, intereses y aspiraciones en común, parece haber quedado atrás.
Lo que resiste es el peso de la realidad de un proceso que aquel sueño consolidó: cada día, más de 4,000 millones de dólares cruzan las fronteras norteamericanas. Un automóvil puede cruzarlas hasta ocho veces antes de ser un producto terminado. Más de 10 millones de empleos estadounidenses dependen de sectores vinculados al T-MEC. Nuestras cadenas de valor son de las más integradas y competitivas del mundo. Tres décadas de interdependencia no se pueden deshacer con retórica aislacionista, por estridente que sea.
México llega a esta negociación en un momento complejo. Desde el año pasado, el gobierno ha cedido a las presiones de la Casa Blanca –principalmente en materia de seguridad– a cambio de postergar indefinidamente la amenaza arancelaria, que de cualquier forma sigue latente. Un cálculo quizás inevitable, pero definitivamente asimétrico. Se ha logrado mantener abierto el canal diplomático, incluso se podría decir que la presidenta Sheinbaum y el presidente Trump tienen una buena relación personal.
Sin embargo, los desafíos estructurales que debilitan nuestra posición siguen intactos: una política energética que limita la inversión privada, el incumplimiento de compromisos en materia laboral, el clima de incertidumbre jurídica que genera desconfianza para cualquier inversionista. Desde afuera, esas señales pesan. No únicamente porque Washington las usará como argumento en la negociación, sino porque nos muestran como un socio cada vez menos confiable.
Con todo, la negociación puede ser menos desfavorable de lo que parece. El pragmatismo de la interdependencia es nuestra carta más poderosa, pero no la única. México es el principal proveedor de EE. UU. La iniciativa privada nacional ha construido alianzas con su contraparte estadounidense. Nuestro acercamiento con Canadá abre la posibilidad de articular posiciones conjuntas. El margen de negociación no es despreciable y el equipo negociador debe saber aprovecharlo.
La revisión del T-MEC tiene un significado profundo: un gobierno disminuido por sus propias contradicciones se sienta a la mesa con una administración que entiende el unilateralismo como una virtud. Está a prueba nuestra capacidad de refrendar un acuerdo con base en argumentos, independientemente de las asimetrías. Estamos llamados a demostrar que las reglas importan, que la integración económica tiene futuro, que el Estado de derecho puede ser más poderoso que la fuerza. Lograrlo enviaría un mensaje contundente al resto del mundo.
Quizá sea momento de reconocer que el espíritu que inspiró al TLCAN está superado. No obstante, América del Norte está más que vigente. Preservarla es una responsabilidad histórica que México no puede eludir. Le deseo mucho éxito a la delegación mexicana en las próximas semanas.
Diputada federal
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