El domingo pasado, 8 de marzo, miles de mujeres marchamos en distintas ciudades del país en protesta de la violencia que se vive en México y para exigir, a la sociedad y al Estado, una vida más segura. En las marchas podían leerse letreros que exigían un cese a la violencia feminicida, a las desapariciones, el abuso sexual en las calles y en el trabajo. También se protestaba por la complicidad de autoridades de seguridad que no reciben denuncias, no investigan crímenes ni buscan a las miles de mujeres desaparecidas. Entre el humo morado que acompañaba el camino de la marcha de la CDMX se veían fichas de mujeres desaparecidas. “¿Dónde estás?”, preguntaba uno. “8 años sin encontrarte”, decía otro.
A unos metros de donde se llevaba cabo la marcha, la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, conmemoraba el Día Internacional de la Mujer rodeada de militares. Estaba en el Campo Marte, uno de los recintos militares más importantes de México y donde se encuentra el monumento a la lealtad. De un lado estaba el secretario de la Defensa y del otro, el de la Marina. “Este marzo de 2026 lo dedicaremos a reconocer a las mujeres y a sus derechos, iniciamos con las mujeres en las fuerzas armadas y avanzaremos con las mujeres en la medicina, en la ciencia, en las fábricas, en el campo, en la ciudad, trabajadoras del hogar y a las mujeres en la historia… a las mujeres que además de dar la vida por la familia, están dispuestas a dar su vida por la patria y por su pueblo, las mujeres de las fuerzas armadas…” ¿Por qué decidió la Presidenta conmemorar el día rodeada de militares y frente al monumento de la lealtad?
La militarización de la seguridad en México ha sido uno de los factores contribuyentes a empeorar la seguridad de las mujeres en el país. En el Estudio, Las dos Guerras, Estefanía Vela y Laura Atuesta, muestran que la militarización y los enfrentamientos que han resultado del despliegue de soldados, están asociados a un incremento en los asesinatos de hombres, y también mujeres. Antes de la guerra contra las drogas, y el despliegue militar para llevarla a cabo, la mayor parte de las mujeres asesinadas en México morían por asfixia o fuerza física, dentro de sus propios hogares. Después de 2010 la mayoría de asesinatos de mujeres pasaron a ser por un arma de fuego y en las calles. Es decir, no solo el número, sino también la forma en que las mujeres mueren en México ha cambiado a causa de la estrategia de seguridad militarizada. En otros documentos, la organización Intersecta muestra los riesgos de tortura sexual durante el arresto cuando participan las Fuerzas Armadas. De acuerdo con sus estudios, si una detención es llevada a cabo por policías municipales, la posibilidad de sufrir una violación sexual es de 5%, pero aumenta a 12% cuando interviene el Ejército y a 19% en detenciones realizadas por la Marina. Estos datos son aún más altos para mujeres. 41% de las mujeres que fueron arrestadas por integrantes de la Marina y 21 de quienes fueron arrestadas por miembros del ejército fueron víctimas de violación. Es decir, la militarización no solo contribuye a empeorar la seguridad de las mujeres sino que nos hace más vulnerables frente a las instituciones de seguridad del Estado. Como escriben Vela y Atuesta: “encima de lidiar con la “guerra” del machismo y la misoginia que condiciona su día a día, en la casa, en la escuela, en el trabajo, en la calle, en sus relaciones íntimas y con extraños, ahora tienen que hacerlo en un contexto de violencia generalizado provocado por la llamada “Guerra contra las drogas” y las estrategias que, en su nombre, el Estado ha implementado.”
La paradoja no podría ser mayor, mientras miles de mujeres exigíamos el domingo, igualdad de oportunidades y de salarios, dignidad, no violencia, protección del Estado y reparación; la Presidenta ofrecía continuidad en la fallida estrategia de seguridad y exaltaba el sacrificio de las mujeres, incluso con la vida.
Doctora en derecho. @cataperezcorrea

