En la mitología griega, Aquiles era un héroe invulnerable, pero su madre, al sumergirlo en el río Estigia para hacerlo inmortal, lo sostuvo por el talón, que quedó como su único punto vulnerable al no haber sido tocado por el agua. Ese pequeño descuido lo condenó: una flecha envenenada lo hirió justo ahí, privándolo de la vida, recordándonos que incluso los más fuertes tienen una debilidad.

De ahí que la expresión “el talón de Aquiles” se haya popularizado para referirse a cualquier flanco débil, físico o no.

Esta breve introducción viene a colación por las declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum la semana pasada, cuando aseguró que el tema de las desapariciones forzadas a manos del crimen organizado —un asunto añejo pero que volvió a encenderse tras el hallazgo del campo de adiestramiento y exterminio en Teuchitlán— no se convertiría en su talón de Aquiles.

Así como aquel mítico guerrero no tenía idea que la batalla de Troya iba a ser su fin por esa flecha envenenada. ¿De verdad creen que los presidentes anteriores identificaron a tiempo su talón maldito previo a que les estallara?

Vale la pena revisar, sexenio por sexenio, cómo cada presidente terminó enfrentando su propio talón de Aquiles.

Felipe Calderón asumió su mandato tras una elección cerradísima y marcada por el reclamo de fraude electoral. Esa falta de legitimidad lo llevó, apenas comenzando su sexenio, a lanzar una ofensiva frontal contra el crimen organizado. Su guerra contra el narco se convirtió rápidamente en su sello... y en su carga. Militarizó la seguridad pública, sacó al Ejército a las calles y desató una espiral de violencia que dejó decenas de miles de muertos y desaparecidos. Nunca logró revertir la narrativa de que esa estrategia fue una reacción para ganar legitimidad. Su talón de Aquiles fue, precisamente, la violencia que pretendía contener.

Enrique Peña Nieto llegó con el impulso del “nuevo PRI” y un discurso tecnocrático, prometiendo modernidad y reformas estructurales. Pero su sexenio se desplomó por tres temas específicos. El primero fue la famosa “Casa Blanca”, una mansión valuada en decenas de millones de pesos, vinculada a un contratista del gobierno y registrada a nombre de su esposa, lo que detonó una crisis de credibilidad. Luego vino la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa y el mal manejo de la “verdad histórica” por parte de la autoridad federal. Y como si eso no bastara, al final de su mandato estalló el caso de la Estafa Maestra, una red de corrupción operada desde distintas dependencias federales para desviar miles de millones de pesos con empresas fantasma. Su talón de Aquiles fue la corrupción sistémica... y la opacidad.

AMLO prometió acabar con la corrupción y devolverle al país la seguridad perdida. Pero su sexenio será recordado por encabezar el periodo más violento en la historia reciente de México: casi 200 mil homicidios dolosos, un número récord de desaparecidos y una estrategia que nunca logró rendir frutos. A esto se sumó el escándalo de Segalmex, una suerte de “Estafa Maestra 2.0”, en la que se desviaron miles de millones de pesos de programas alimentarios destinados a los más pobres. Su talón de Aquiles fue doble: la inseguridad desbordada y la corrupción en su propio gobierno, justo lo que prometió erradicar.

Y ahora, Claudia Sheinbaum, a tan solo unos meses de haber asumido el cargo, ya carga con un escándalo de corrupción en Birmex por una compra consolidada de medicamentos que podría superar los 13 mil millones de pesos. Y aunque los sitios de exterminio operados por el crimen organizado no son novedad, el hallazgo en Teuchitlán le ha explotado en la cara.

Y que quede claro: el punto sin retorno en el tema de las desapariciones ya se cruzó, finalmente y gracias a Dios.

Como Aquiles en Troya, puede que Sheinbaum aún no lo vea venir, pero el golpe ya ha sido lanzado. Si no reconoce la herida, esta podría ser una de las historias que defina su sexenio.

POSTDATA – No soy perito en criminalística, pero permitir un recorrido turístico por una escena del crimen como Teuchitlán fue un golpe maestro… en propaganda. En técnica forense, un desastre monumental. A este paso, solo falta que vendan boletos y pongan un food truck a la entrada del rancho.

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