"Soy escritor porque perdí la fe"
- Don José Javier Cercas Mena -
En infinidad de ocasiones he tenido la oportunidad de citar los primeros libros y autores que me marcaron desde la infancia, por supuesto la adolescencia, continuando con la juventud; incluidos esencialmente los de mi incipiente etapa de adulto antes de cumplir las primeras dos décadas de existencia, hacia finales de los setentas del siglo pasado, por cierto ya siendo padre de familia con apenas 17 años de vida.
Por esta razón, evidentemente busco cualquier pretexto para volver a recordarlos, con gran ilusión y nostalgia inquebrantable en medio de inolvidables recuerdos, lean por favor si son tan amables, queridas amigas, apreciados amigos, distinguidas lectoras e insignes lectores, el entrañable listado de mágicas obras.
Don Juan Rulfo y su "Pedro Páramo" lectura obligada, aunque considero personalmente muy precipitada para un imberbe como el que teclea, cuando menos por esos tiempos, en los primeros días de la escuela secundaria con sus indescriptibles narrativas de vivos hablando con muertos, así como su "Llano en llamas", de un país desgarrado por las necesidades básicas de la subsistencia.
Previamente, durante la formación primaria, al que nunca jamás podré olvidar, con escasos dos lustros de edad, es al inmortal francés, Don Antoine Marie Jean-Baptiste Roger, Conde de Saint-Exupéry y su místico libro "Le Petit Prince" traducido al español como "El Principito", que sigo releyendo y descubriendo cada década, desde entonces.
Poco después me envolví en otro mundo e igualmente en otros universos, con los clásicos de Don Luis Spota y su legendaria costumbre sobre el Poder, sin dejar de mencionar a Don Oscar Lewis con su excelso ensayo "Los hijos de Sánchez", para terminar esta primera etapa formativa, con Don Mario Puzo el misterioso italiano que dio vida al clásico de "El Padrino", tratado sobre la familia, además de otras galaxias alternas de control humanitario.
Esta larga introducción que ilustra brevemente mis primeras lecturas, son resultado del preámbulo sobre el impactante libro que acabo de terminar de leer, que lleva como título indescifrable "El Loco de Dios en el fin del mundo" del genial autor que engalana nuestro epígrafe.
Cuando describa los aspectos que recientemente terminé de su lectura, precisando que esto sucedió en el pasado mes de octubre del 2025, guardando en mi corazón y pensamiento la monumental ilusión para que al iniciar este 2026, tener la fortuna de compartir con ustedes, la maravillosa experiencia que me significó su ilustrada narrativa y que sin duda me marcará para la posteridad.
Antes de terminar la presente entrega que para variar ya se alargó por la emoción, debo de consignar que proseguiremos el próximo sábado con una serie de expresiones sobre nuestra última lectura que cimbrarán, al igual que sembrarán en la mentalidad de cualquier católico, apostólico y romano, que se precie de serlo y se atreva a declararlo si se tiene el valor, la fuerza y sobre todo el orgullo.
Para finalizar solo deseo señalar que más que una biografía - que lo es - sobre el Santo Padre, es un ejercicio de catarsis del escritor, que se desnuda desde sus orígenes religiosos, sin dejar de ser un ateo declarado, anticlerical y sin embargo, muy, pero muy creyente, desde mi limitada óptica, además de un monumental disolutivo católico, espero me perdone, si algún día tengo el privilegio de que se entere de esta primera entrega, que dedico con universal admiración a el magistral maestro Don Javier Cercas. Continuará...
Añoranza:
Pero de qué va la cosa, como dicen mis admirados españoles (y mi amada esposa GEMY).
Ni siquiera es de religión, mucho menos de la bendita fe. Es un viaje personal, una profunda travesía hacia lo más intimo de la esperanza, así como de la devoción sobre la ilusión del futuro espiritual individual e indispensable para vivir en santa paz.
Hasta siempre, buen fin.

