Mientras millones de personas en todo el mundo se preparan para ver el partido inaugural de la Copa del Mundo 2026 en la Ciudad de México —que arrancará en unas pocas horas—, diversos grupos sociales han encontrado en el torneo una oportunidad para hacer visibles algunos de los problemas y demandas que consideran pendientes en el país.

No se trata de un movimiento único. Son causas distintas, algunas incluso sin relación entre sí, pero todas conscientes de que pocas veces México tendrá frente a sí una audiencia global tan grande como la que traerá el Mundial.

Los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) encabezan una de las movilizaciones más visibles y longevas. Su principal exigencia es la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, por la cual se instauró el sistema de cuentas individuales, gestionadas por las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores). También demandan mejores condiciones laborales y un aumento salarial mayor al otorgado por el Gobierno Federal. Su presencia en el Centro Histórico y las protestas realizadas en las principales vialidades de la capital durante las semanas previas al torneo han generado preocupación por el impacto que puedan tener en la movilidad y en la imagen internacional del país.

A ellos se suman los colectivos de familias buscadoras. Madres, padres, hermanos e hijos de personas desaparecidas han decidido aprovechar la atención mediática global para recordar una tragedia que consideran normalizada dentro de México. Su demanda es sencilla y devastadora: encontrar a sus seres queridos. También exigen investigaciones eficaces, identificación de cuerpos sin nombre, mayor presupuesto para las comisiones de búsqueda y protección para quienes realizan esta labor.

Los transportistas también han anunciado movilizaciones. Reclaman mayor seguridad en las carreteras, una reducción de los robos de carga, el fin de las extorsiones y una respuesta más efectiva de las autoridades frente a la violencia que enfrentan diariamente. Para ellos, la inseguridad se ha convertido en un costo operativo tan importante como el combustible o el mantenimiento de las unidades.

Por su parte, organizaciones campesinas buscan llamar la atención sobre la crisis que vive el campo mexicano. Exigen apoyos directos, acceso a créditos, programas de tecnificación, infraestructura para enfrentar la sequía y políticas que les permitan competir en mejores condiciones frente a los productos importados.

También hay colectivos que denuncian los efectos de la gentrificación en distintas zonas urbanas de la capital, fenómeno que hoy crece a pasos agigantados, desplazando todos los días a personas que ya no pueden pagar rentas que aumentaron miles de pesos de un día para otro, o que incluso ahora se cobran en dólares.

A estas voces se suman organizaciones feministas que buscan colocar en la conversación internacional temas como los feminicidios, la violencia de género y la impunidad.

Mientras tanto, el gobierno busca proyectar una imagen de modernidad, capacidad organizativa y celebración internacional. De ahí que todos estos sectores sociales intenten utilizar ese mismo reflector para exhibir problemas que consideran aún no resueltos.

El Mundial será una fiesta. Pero para muchos mexicanos también será una plataforma; una vitrina global desde la cual pretenden mostrar todo aquello que duele, que falta y que urge que sea atendido.

Porque, al final, esta también es una forma de decirle al mundo:

Bienvenidos a México. Permítannos presentarnos.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios