Por José Luis Luege Tamargo
La reforma electoral que propone el gobierno de la 4T representa una terrible incongruencia no solo por la regresión autoritaria que impulsa sino también, porque los autores en su mayoría, fueron actores relevantes en las reformas electorales anteriores que dieron paso a una representación proporcional más equitativa.
En el año de 1976, cuando José López Portillo llegó a la presidencia sin oposición, la Cámara de Diputados se conformaba con 238 diputados, 196 de mayoría y 42 “diputados de partido”.
La figura de “diputados de partido” se propuso en 1962 con el objetivo de que los partidos que no obtuvieran representantes de mayoría, alcanzaran representación en la legislatura correspondiente. En 1972 el sistema se amplió, reduciendo el porcentaje mínimo de resultado electoral que obtuviera un partido para diputados, de 2.5 % a 1.5%.
Después de la farsa electoral de 1976, el gobierno de López Portillo impulsó una reforma electoral más de fondo, aprobando al año siguiente (1977), la famosa Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE). Hasta en el nombre se revelaba su soberbia.
Con la reforma constitucional que da origen a la LOPPE, nacen finalmente los diputados de REPRESENTACIÓN PROPORCIONAL o PLURINOMINALES.
El cambio fué de fondo y el mismo nombre que se les asigna define la importancia de que en una representación cameral haya proporcionalidad de la votación real obtenida por un partido, independientemente de las victorias por distritos electorales (diputados de mayoría).
El territorio se dividió en 300 distritos electorales donde se elegirá un diputado de mayoría por cada distrito y se asignan por primera vez en la historia de México 100 diputados de representación proporcional. Estos diputados se presentan en listas de los partidos políticos y se distribuyen de acuerdo al porcentaje de votación de cada partido y a fórmulas de representación en función de las mayorías obtenidas.
Por primera vez la Cámara de Diputados se conformó por 400 diputados: 300 de mayoría y 100 plurinominales. Sin embargo, el PRI mantuvo siempre el control absoluto por la manipulación del proceso desde el propio gobierno, dado que la organización de las elecciones dependían directamente de la Secretaría de Gobernación.
Pasadas las elecciones de 1985, hubo nuevamente fuertes reclamos de la oposición por fraudes electorales diversos y sobre todo por el uso indiscriminado de recursos públicos en la compra de votos. El presidente Miguel de la Madrid decidió abrir el debate sobre la normatividad electoral. Se realizaron foros de discusión en todo el país donde participaron todos los partidos de oposición e incluso representantes del PRI y gracias a esa amplia discusión, se lograron cambios sustanciales.
Se aprobó el nuevo Código Federal Electoral que sustituyó a la LOPPE. Se autorizó la formación de “frentes” y coaliciones. Se mejoró el acceso a medios de comunicación y las prerrogativas a los partidos políticos. Pero el tema más importante fue el aumento de 100 a 200 diputados de representación proporcional.
En la elección de 1988 donde lamentablemente se cometió el mayor fraude electoral de la historia con la alteración de miles de actas y todo tipo de fraudes que se creían superados, se otorga con absoluta ilegitimidad e ilegalidad la presidencia a Carlos Salinas de Gortari.
Un dato relevante fue que la Cámara de diputados por primera vez se integró con 500 diputados: 300 de mayoría y 200 plurinominales con una amplia representación de partidos de oposición.
Formé parte como diputado de mayoría en la LIV Legislatura de la Cámara de Diputados 1988 – 1991. Fue la primera que se integró con 500 diputados: 300 de mayoría relativa y 200 de representación proporcional.
El partido Acción Nacional tuvo una representación muy importante al igual que el Frente Democrático Nacional (integrado por varios partidos gracias a la reforma de 1986).
Pablo Gómez Alvarez, quien preside la actual Comisión para la Reforma Electoral, fue diputado plurinominal de este Frente que posteriormente se convertiría como el Partido de la Revolución Democrática (PRD). En esa legislatura, se mantenía la figura del colegio Electoral que calificaba las elecciones por lo que era probable que victorias electorales de la oposición fueran robadas por el sistema PRI – Gobierno. Los debates durante el Colegio Electoral fueron durísimos donde la oposición defendimos a sangre y fuego cada distrito ganado.
PAN y el PRD tuvieron una participación muy coordinada con extraordinarios liderazgos y oradores de ambos grupos. Pablo Gómez fue siempre uno de los oradores más combativos y elocuentes en los debates por la defensa democrática al igual que muchos otros diputados del PAN y del PRD. Gracias a este esfuerzo coordinado, pudimos mantener los distritos ganados y los diputados plurinominales de acuerdo a la ley.
Dado el encrispamiento político que produjo el fraude en la elección presidencial, vino inmediatamente la presión de reformas electorales que quitaran al gobierno en turno la organización electoral, con la creación de un organismo de plena jurisdicción y autónomo.
Finalmente en 1990 después de las reformas constitucionales pertinentes, se expide el nuevo Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) y se crea el Instituto Federal Electoral (IFE), de plena jurisdicción y autónomo.
Hoy estamos ante una situación muy preocupante. La reforma electoral que se presentará en los primeros días de febrero no responde a propuestas de la oposición o de organizaciones ciudadanas. Es el propio gobierno quien pretende llevarla a cabo.
Pablo Gómez quien se consideraba un líder del 68 al igual que muchos cuadros del actual gobierno de la 4T y que pelearon muchos años por una apertura y estabilización democrática HOY, proponen y defienden una reforma regresiva, antidemocrática y autoritaria.
No hubo ninguna presión ni interés de la oposición en impulsarla. Las mesas de diálogo fueron un teatro y lo que presentan es simplemente lo que consideran los llevará a un control absoluto de las elecciones en el futuro.
Reducir a 100 el número de diputados plurinominales, reducir prerrogativas a los partidos políticos, acotar participación de medios de comunicación, quitarle autonomía al INE y al TEPJF es simplemente regresar la historia a 1976. Partido – Gobierno, control electoral absoluto. La dictadura perfecta.
Pablo Gómez, te pregunto: ¿Cómo quieres que te juzgue la historia?
Presidente de Ciudad Posible

